Leyendas de Toledo... El baño de La cava...

 

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Leyenda de La Cava

       El conde Don Julián, con alto cargo en el norte africano, había enviado a su hija Florínda a la corte toledana en la que sin duda podría encontrar mejores partidos y una más refinada educación, La hermosa doncella acostumbraba a bañarse al píe de aquel puente de barcas, que entonces había en los parejos del actual puente de San Martín, y del que aún se conserva una parte de su cordón defensivo y uno de los torreones de enganche. Un buen día, Don Rodrigo descubrió el apetitoso cuerpo de Florínda y, como hombre que acostumbra a alcanzar todo lo que apetece o interesa, se dispuso a degustarlo al precio que fuera... Conseguido el festín, la joven recibiría el sobrenombre de La Cava, que traducido del árabe significa prostituta. Honor mancillado que requería una justa venganza al más puro estilo de la Sippe goda; he ahí las razones que asistieron a la defección de Don Julián.
          ...Continua la leyenda con una segunda parte más tenebrosa. Florínda bajaba al río a diario a llorar sus "vergüenzas",  penitencia que no interrumpió hasta caer muerta de dolor en aquel mismo lugar. Poco después los vecinos comenzaron a ver dos fantasmales espectros que aparecían en lo alto del torreón, figuras difuminadas de hombre y mujer que permanecían toda la noche con la vista clavada el uno en el otro  Esta escena se sucedía de tiempo en tiempo y siempre coincidía con terribles tormentas y riadas que arruinaban les cosechas de los pobres colonos ribereños quienes guiados por su fe acudieron a un santo ermitaño de los cerros cercanos a pedirle se pusiera en oración y rogase a Dios el fin de tan siniestras apariciones. Cuando el viejo ermitaño se dispuso a orar, la misma Florinda se le apareció para rogarle, también ella, intercediera con sus rezos en favor de su alma arrepentida. Y el milagro se produjo; los despojos de Florinda, cuyo cuerpo había quedado abandonado en el torreón desde su fallecimiento, se recompusieron con la misma hermosura de su juventud y, ante las maravilladas miradas de los fieles toledanos, aquel atractivo cuerpo avanzó pacíficamente hasta sumergirse en las aguas del río. Desde entonces nadie ha vuelto a ver fantasmas por allí. Florinda había sido perdonada. 
Don Rodrigo murió o en la batalla del Guadalete, la que abrió a los musulmanes las puertas de España, o algo mas tarde, en cualquiera de las subsiguientes refriegas mas al interior. No se sabe con el rigor que requiere la historia.

 

Texto: Santiago Galiano.

 

 

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