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La
Cruz Verde |
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Un
mal día, con motivo de una sangrienta reyerta
entre cristianos viejos y conversos en el Alcaná,
o barrio comercial que tenían los hebreos en el
lugar que hoy ocupan los claustros de la Catedral,
un joven cristiano cayo gravemente herido y a
duras penas pudo llegar a casa de su novia,
situada en esta plaza. Como sería de fuerte el
espanto sentido por ver a su amado en tan
lastimoso estado, que al instante cayó muerta.
Una vez recuperado de sus heridas, el bueno de
Pedro, artesano de profesión y novio de la
infortunada, visitaba a diario al padre de la
chica para llorar juntos al pie de la cruz. Y
aquel torrente de lagrimas, acabaría convirtiéndose
en el riego milagroso que hizo crecer la verde
vegetación.
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