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El
Cristo de La Luz |
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Se cuenta que a la llegada de los moros, los
cristianos, antes de abandonar la iglesia,
escondieron la imagen del crucificado en uno de
los muros, donde quedó debidamente tapiada con
una lamparilla de aceite destinada a iluminar con
su luz al crucifijo, cuatro sig1os
más tarde, cuando aquel 25 de mayo de
1.085 Alfonso VI se dirigía al Alficen, al frente
de sus victoriosas tropas, el caballo del Rey se
arrodilló justo a la entrada de la mezquita y,
ante el asombro del propio Rey y el de todos los
presentes, la piedra que recibiera el impacto del
equino empezó a cambiar lentamente su natural
color gris granítico por el blanco. La primera y
rápida reacción consistió en proceder a buscar
las causas de aquel fenómeno. El resultado, tras
derribar la única pared que sonaba a hueco, fué
el hallazgo del crucifijo todavía iluminado por
la luz milagrosa de la lamparilla de aceite allí
depositada.
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