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Cuenta la leyenda que en sus sótanos vivía un
forjador judío. Un maestro en trabajar el hierro.
Su arte era tal, que las mejores espadas, las
mejores rejas y los mejores trabajos salían de su
fragua.
Pero lo que más le gustaba, en lo que este judío
ponía mas empeño era en forjar grandes cadenas.
Cadenas que servían para apresar a los cautivos
de las guerras.
Desde primeras horas de la mañana y hasta bien entrada la
oscuridad en Toledo, día tras día y sin parar, el sonido
que se escuchaba en la calle de Las Bulas no era otro que
el martillo del judío golpeando el yunque... forjando
cadenas.
Cuando el martillo se detenía, el silencio de la
noche se volvía a romper al acercarse los
carruajes por la Plaza de Valdecaleros hacia esta casa, donde se cargaban las pesadas
cadenas, que según dicen, eran transportadas hacia Granada.
¿Quien
sabe si las que penden de San Juan de Los Reyes
son las forjadas por este hombre?
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