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Dicen
las crónicas que un buen día, cuando Fernando
III escuchaba a su pueblo en plena plaza de
Zocodover, una de las damas principales de la
ciudad de nombre Aldonza cayó de rodillas ante su
rey con los ojos llenos de lágrimas. El monarca,
tomándola de las manos al alzarla, se interesó
de inmediato por su problema: había sido seducida
y engañada por Don Fernando Gonzalo, nada menos
que alcaide de la ciudad. El rey, convencido de la
culpabilidad del sátiro gobernante por la confesión
del mismo acusado, tomó la decisión de
"condenarlo" a tomar por esposa a Doña
Aldonza. La sentencia, desde luego, no dejó
satisfecho al numeroso pueblo allí congregado,
como lo prueba el hecho de presentarse de
inmediato una sucesión de denuncias contra el
despotismo, arbitrariedad y crueldad con las que
ejercía su cargo el tal alcaide, denuncias que
vinieron a completarse con la de una guapa
jovencita, casi una niña, llamada Blanca, también
ella había sido seducida y luego tirada como
cualquier objeto usado. Como os podéis figurar,
el rey cambió su sentencia y Fernando Gonzalo, el
"chulín" conquistador, terminó sus
correrías con el hachazo que le propinó el
verdugo en el cadalso. Y la cabeza fué presentada
en una bandeja a las dos mujeres, las mismas que
sostienen el macabro plato que figura en el
relieve en piedra blanca que mandaron colocar en
la citada Puerta del Sol.
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