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¡Luz,
más Luz!
Siete moradas interiores recorre el peregrino en este
sótano.
En la primera estancia, el Tesoro de Luz, contempla un
arco-espejo que refleja impresiones de un jardín de
flores. Se expande la visión en la blancura: la
receptividad del algodón y de los cuencos, contraste de
lo firme y lo flexible, dispone el corazón a la
andadura.
Delicadas manos de luz con hilos blancos y rojos
entretejen, sobre un azul intenso, imágenes guardadas que
revelan, detrás de las columnas, los misterios que
aguardan al viajero, secretos de la trama en que transita.
En la botella vacía la senda interior.
En la tercera posada se hace un alto. en este centro se
reúnen, techo abovedado del recogimiento, el Amante y el
Amado. Aquí se congregan los colores, las moradas, los
centros sutiles de espíritu. Si entre cálida llama y
frescor de bodega el visitante interviene el prisma de su
centro, los colores retornan a la luz incolora de la
esencia.
Al encuentro y reposo siguen en la cuarta morada la
blancura, el anhelo, el giro y el hogar. En los ritos la
oscuridad se torna luz y lo denso se revela sutileza. El
molinillo movido por el soplo, devuelve a la blancura el
arco iris, lo múltiple a lo uno. Pero ¿y si el aliento
no infunde vida a los colores? Entonces los pigmentos
derramados, sin poder remontarse hasta lo blanco y así en
la luz fundirse, confundidos quedan el lo gris.
En la profundidad del juego, un alto en el tiempo: la
llamada del cuco, la circularidad del movimiento.
La sexta estancia como una escala nos conduce, en sueños
hasta el jardín cercado en donde manan las aguas de
colores. Sobre lechos de piedra y fuentes de azulejo, hace
ondas de seda y fluyen las gemas por cauces de blancura.
La imaginación reúne los opuestos.
Y antes de volver del sueño, en la última morada se
contemplan el cristal que refleja o transparenta y el pozo
en que se escucha el alma: allí verás que de la blanca
fuente fluye el manantial de vida, tejido con el hilo del
destino. Al despertar, antes de partir, despídete del
cántaro y del pozo y rememora el viaje.
Pablo Beneito.
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Texto:
Pablo Beneito. |
Exposición:
Ana Crespo |
Fotos:
Pedro Izquierdo |
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