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Henos aquí... En la Calle de Santo Tomé, (dedicada
al ilustre Dr. Marañón), a la altura del
número 30. Aquí hemos nacido, crecido y vivido.
Para nosotros esta calle “es lo más”;
su cultura, sus leyendas, sus gentes... Todo este
entorno nos envuelve y nos atrapa de punta a
punta. Nos sentimos plenamente identificados y muy
dichosos de encontrarnos en esta calle, ya que
forma parte de nuestras vidas... es nuestro
barrio.
Nos encontramos al principio o al final de la
calle, según se mire, y frente al Rincón
Bar se encuentra el Convento de San
Antonio, fundado en 1514 por María
González de La Fuente, Franciscano y de
Clausura. Su portada gótico-mudejar es de finales
del siglo XV y bajo el tejadillo se encuentra una
imagen de San Antonio. Por encima
nos descubre una ventana geminada ciega, de una
gran belleza, también de estilo gótico.
Nos encaminamos calle arriba y a nuestra derecha
encontramos otro portón, este en arco que da
acceso a la Iglesia del Convento de San
Antonio, donde se puede oír misa los días
de, diario a las ocho de la mañana y los domingos
y festivos a las once. También desde su patio las
hermanas ofrecen sus dulces elaborados por ellas.
Casi frente a este portón encontramos El
Callejón de la Soledad... Sin salida,
quizás el callejón más estrecho de nuestra
Imperial Ciudad. Unos metros más adelante
encontramos otro callejón, el de Bodegones,
también bastante estrecho, sombrío y con el olor
característico a humedad, ya que los rayos de sol
apenas pueden pasar por su estrechez. Al
contemplarle notamos que las casas desde su planta
van ganando terreno piso a piso y las más altivas
prácticamente tienden a juntarse. Cuenta la
leyenda de pluma de Don Pablo Gamarra
que este callejón albergó bastantes
fisgones y bodegas, de ahí su nombre,
donde los estudiantiles y las tunas se reunían en
“comité” a pasar las largas tardes toledanas.
“Cada grupo de estudiantes se reunía en
su fisgón preferido... El de Maese Blas, por su
especialidad en lechoncillos asados... El de Maese
Antón, que servía los mejores pasteles de
liebre... O El de Maese Benito que guisaba el
lechal como nadie. Aquí se curaban las penas, con
el tintillo de Fuensalida, el clarete de Valdepeñas
o el blanco de Yepes, entonando seguidillas,
martinetes y fandangos”. Pero...
Continua la leyenda, “cuando llegaba la
hora de pagar y uno a uno iban escurriendo el
bulto, siempre aparecía Paco... ...joven
estudiante, magro en carne, pero ampuloso y
persuasivo en sus decires, que siempre convence al
maese bodegonero, saliendo fiador de sus compañeros,
aunque no posea un ochavo; pero su claro ingenio y
sus agudezas eran lo suficiente para que los demás
pudiesen no sólo salir del compromiso aquella
noche, si no volver al día siguiente... Su gran
locualidad, imponía respeto a la cándida
plebeyez de los figoneros.
Este
estudiante andando el tiempo sería conocido en el
mundo entero por Don Francisco de Quevedo y
Villegas, uno de los mejores poetas y escritores
clásicos de que se honra
este país”.
Continuando
nuestro viaje por tan singular calle y casi frente
al Callejón de
Bodegones se encuentra la Travesía
del Conde. Mirando hacia el cielo se alza
majestuosa La Torre de La Iglesia de Santo
Tomé, de la que hablaremos más adelante.
Esta travesía que baja, alberga la entrada a la Parroquia
de Santo Tomé, una de las seis con que
actualmente cuenta la zona histórica de Toledo.
Construida en el pórtico a la judería, de estilo
mudéjar y tal vez aprovechando alguna edificación
anterior. Su origen se remonta al siglo XI, siendo
fundada por el Rey Alfonso VI.
A
comienzos del Siglo XIV y dada la situación
ruinosa del templo, se acomete una reconstrucción
por parte de Don Gonzalo Ruiz de Toledo, Señor de
Orgaz, que vive en la parroquia allá por el Siglo
XIII y donde pide que le entierren según su
testamento, muriendo en 1323.
A
la vuelta de la entrada principal de La Iglesia y
según bajamos por la travesía llegamos a la
entrada del museo y a la casa o palacio del Conde
de Fuensalida, hoy día la presidencia de La
Junta de Castilla la Mancha. Con bella
portada, de esbeltas columnas coronadas por pétreos
leones, blasón de los Ayala. En su interior se
encuentran espaciosas cámaras con ricos
artesonados.
Pero...
Volvamos al museo. Aquí se encuentra la obra cumbre de El Greco, Doménico
Teotocopuli. El Entierro del Señor de Orgaz,
(1586-1588) un lienzo impresionante, que mando
pintar el párroco Don Andrés Núñez de Madrid a
tan notable artista, en recuerdo a Don Gonzalo que
tanto hizo por esta y otras parroquias de Toledo,
en su mandato como Edil de La Ciudad. El Cuadro
evoca el enterramiento de Don Gonzalo y representa
las dos dimensiones de la vida... La muerte en su
parte inferior y la vida eterna en la superior.
La
leyenda que tan extraordinariamente plasmo El
Greco, cuenta que,
bajaron del cielo San Agustín y San
Esteban para depositar el cuerpo sin vida de Don
Gonzalo en la sepultura, devolviéndolo a la
tierra de donde salió y elevar su alma al
cielo... a la vida eterna, mientras se escuchaba
una voz que decía: “Tal Galardón recibe
quien a Dios y a sus Santos sirve”... |