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Memorias de Viaje

Diario de mi Viaje a Florencia.... por Javier Crespo.

    

Día 31 de octubre:

      Bien temprano me despiertan las campanas de la torre del duomo. Tras desayunar en mi hotel, me presento en pocos minutos en la plaza del Duomo. Ahora tengo más tranquilidad que anoche, el día no está muy despejado, pero de momento la lluvia no cae. Son las nueve de la mañana, pero ya hay gente ya esperando para entrar en el baptisterio. Mientras espero mi turno para acceder al mismo, me fijo en la escultura de la puerta de acceso. Es la “Predicación del bautista”, de Francesco Rustuci, quien fue compañero de Leonardo en su taller. Hace en esta obra unas imágenes muy clasistas. Una vez en el interior, lo que primero me llama la atención, es el gran mosaico de influencia bizantina, que cubre la cúpula. Muy interesante es el sepulcro de Juan XXIII, obra de Donatello y Michelozzo, y por supuesto la pila bautismal que es gótica.

     Ya de nuevo en el exterior, veo la puerta sur, que es de Andrea Pisano, son del período gótico, y nos muestran la vida de San Juan Bautista. La situada al norte es de Lorenzo Ghiberti, cuando aún no se habían asentado las bases del Renacimiento, y nos muestra escenas del Nuevo Testamento. Finalmente, la joya del baptisterio, “las del Paraíso” que es la puerta este, (la situada frente a la catedral). También es de Ghiberti, pero esta ya pertenece al nuevo período artístico que será el Renacimiento, y en el que se emplearán elementos arquitectónicos para ayudarse a la hora de dar perspectiva a las imágenes. Son todas escenas del Viejo Testamento. Por citar alguna especialmente, me quedo con “Salomón y la reina de Saba”.

      Encima de la mencionada puerta, hay un grupo escultórico, el “Bautismo de Cristo”, por Andrea Sansovino. Muestra gran elegancia, e influencias de Donatello a la hora de dar claroscuros a los trajes.

     Ahora me apetece subir al campanile, y aprovechando que no hay casi gente para iniciar la subida, saco la entrada, (no la hay conjunta para todo el el recinto del duomo), y me dispongo a ascender los más de cuatrocientos escalones que me llevaran a lo más alto. Voy avanzando, y cuando llego a la primera gran sala, las vistas ya son muy bonitas, especialmente del duomo. Veo la bóveda que alberga la estancia donde permanecen las campanas, impresiona la altura. Una vez arriba, me hago la foto típica con las campanas, y miro por la trampilla del suelo, que me hace ver la altura hacia el interior del campanile. Termino las escaleras, saliendo a la terraza que culmina la torre. Es una gozada.  Sin duda, la mejor imagen de la cúpula de Santa María de las Flores se obtiene desde aquí. La iglesia de Santa Croce, así como la torre de la Señoría, el espléndido claustro de la iglesia de San Lorenzo, y un sinfín de edificios.

      Sin ver aún el interior de la catedral, voy al museo del duomo. Aquí podemos ver muchas esculturas de la primitiva construcción, la obra gótica de Arnolfo di Cambio. 

      Hay una Piedad de Miguel Angel (realizó tres), esta tenía la finalidad de ser colocada en la sepultura del artista, en la iglesia de Santa María la Mayor de Roma. En ella se pretende ver el rostro del mismo M. Angel, (en el papel de Nicodemo)  sosteniendo el cuerpo de Cristo.

      De Donatello está Magdalena, una escultura bastante peculiar, y que se encargan de pintar un grupo de escolares. Pero del citado escultor, lo más asombroso es la cantoría. Obra genial en la que ángeles alados danzan alegremente. Justo frente a ella, otra cantoría, más clásica, es de Lucca de la Robia, que ilustra el último salmo de David.

     Al finalizar podemos ver los originales de las puertas del Baptisterio, la del Paraíso, que como antes ya se menciona, fueron de Ghiberti.

     Cuando voy a entrar en el interior de la catedral, me dicen que ya solo pueden acceder las personas que van a asistir a los actos religiosos, por lo que tendré que volver en otro momento.

     Como he quedado para comer en el restaurante la Espada, cercano a Santa María Novella, ya aprovecho para visitar la parte del museo. Se divide en dos partes, una la iglesia, y otra el museo del convento. Empiezo por la última,  a la que se accede por una puerta a la izquierda de la plaza, y que de inmediato nos adentra en un precioso claustro, llamado “el verde”, así conocido, por los colores verdes y rojizos que se emplearon para realizar los frescos, (obra de Paolo Uccello). 

     En este claustro se halla la capilla de los españoles, construida por Jacobo Talenti, y con frescos decorados por Andrea Buonaiuto da Firenze. Debo confesar que no conocía a este artista, y me quedo sorprendido por su gran calidad, especialmente en “la iglesia militante y la iglesia triunfante”.

     El tiempo se me acaba, y marcho para comer al restaurante anteriormente citado, (visitaré la iglesia en otro día).

     Una vez en el establecimiento, me encuentro con mis compañeras de viaje. Nos contamos lo que hemos hecho cada uno en nuestro primer día, mientras degustamos muy buena pasta y carne florentina, en un ambiente bastante agradable.

     Ya al salir de nuevo al exterior, vamos paseando por las calles. Paramos en el palacio Strozzi, uno de los más clásicos del Renacimiento, con un patio de columnas dóricas.

     Pasamos por la iglesia de Santa Margarita, (donde se cuenta que Dante conoció a Beatriz), y finalmente llegamos a la plaza de Santa Croce. Tiene mucho encanto la mencionada, porque todas las casas y edificios guardan mucha similitud, y están muy bien restaurados, ya que unos cuantos son de origen medieval. Una gran escultura es el homenaje a Dante. Contemplamos la fachada de su célebre basílica, (la cual tiene andamios en su lado izquierdo), y una vez dentro, admiramos su grandiosidad, formada por tres amplias naves, con esas  vidrieras que hacen que la luz, esté presente en cualquier rincón del edificio. Mención especial, hay que hacer al Cristo de Cimabue en el crucero, a la Anunciación esculpida en piedra de Donatello, el sepulcro del humanista Leonardo Bruni, que fue realizado por Bernardo Rosellino, y que es obra importante de escultura funeraria en el Renacimiento. Muchas tumbas de ilustres hay aquí, empezando por la de M. Angel Buonarroti, realizada por Vasari, y que resulta muy pobre para tan grande artista. Galileo y Maquiavelo también descansan en este lugar.

      En la Sacristía podemos admirar los frescos de Tadeo Gaddi, (contemporáneo de Giotto). De Gaddi es también la “Ultima Cena” del Refectorio, (esto se ve en el museo de la obra de Santa Cruz), al que accedemos desde la misma iglesia.

      Ahora salimos a un claustro del siglo XIV, y reconozco la Capilla Pazzi obra de Brunelleschi, y pieza fundamental en la arquitectura del Renacimiento. Tal construcción se adapta a un espacio muy limitado, con un pórtico que da acceso al interior, el cual está marcado por un eje longitudinal que tiende a la centralización por la función de la cúpula. Dentro apreciamos la austeridad del artista, al mismo tiempo que nos muestra su dominio de la perspectiva.

      Ya hemos terminado la visita, y tenemos tiempo todavía para hacer algo más, y no queremos detenernos, por lo que decidimos ir a saludar al personaje más ilustre de la ciudad,  y que para más indicaciones, reside en la Galería de la Academia.

      Este museo no es muy grande, y es un perfecto complemento a la Galería de los Ufizzi. Especialmente destaca en escultura, donde se encuentran diversas obras de M. Angel Buonarroti. La “Piedad de Palestrina”,  el grupo de “los esclavos” destinados a la tumba de Julio II, la figura de “San Mateo”, y por supuesto, el “David”.  Es una figura colosal, que se convirtió desde sus inicios en el símbolo de la república de Florencia. El autor, cuando acepto el encargo de dar forma al enorme bloque de mármol, dijo que había vida dentro, y cuando dio su último toque al David, le miro y le dijo: habla. Realmente es lo único que le falta. Por muchas imágenes que se hayan visto, impresiona. M. Angel dio en él con la “terribilita”, que no es otra cosa, que la masa muscular que dará el mencionado artista a sus esculturas, es su fuerza.  La madurez,  la mirada, que transmite la tensión interna del personaje..... por ello, se consideró, que el autor había sobrepasado el ideal de belleza de las esculturas clásicas griegas y romanas. No podemos evitar, sentarnos bastante rato contemplándolo, mientras el resto del museo parece quedar eclipsado. Realmente es para disfrutar.

      Nos han cerrado ya el museo, y después de dar una vuelta mirando restaurantes, nos metimos en una pizzería.  Tranquilamente vamos a mi hotel (Medici), y desde la enorme terraza, hacemos unas fotos, gozando de las vistas y de la excelente temperatura.

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Fotos y Textos: Javier Crespo.

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