"En medio de esas inmensas montañas nevadas se
encuentra Athabasca Glacier.
Una gran lengua de hielo que se extiende desde lo alto de
los picos hasta muy cerca de la carretera. A pesar de que
este glaciar
ha retrocedido notablemente desde 1844
(retrocede unos 2mt cada año), es un espectáculo digno de
contemplar"
Nuestro viaje iba
tocando a su fin y poco imaginábamos que aún nos
faltaba descubrir y conocer una serie de lugares
especiales en este bello país. Los tres días
siguientes íbamos a recorrer completamente el
Parque Nacional de Banff. Volveríamos a
cruzar los espectaculares campos de hielo y
visitaríamos lagos ocultos entre montañas nevadas.
Parque
Nacional de Banff
FICHA TÉCNICA
Nombre
del Parque: Parque Nacional de Banff.
Empresa/Gestora: National Park Canadá.
Situación: Estado deAlberta.
País: Canadá.
Accesos:
Carretera Highway 93.
Creación del Parque:
1885.
Medidas Preventivas:
Parque Nacional.
Otros Galardones:
Patrimonio de la Humanidad.
Área Protegida:
6.641km².
Actividades deportivas:
Senderismo,
Kayak,Pesca, Canyoning, Caballos, BTT, Escalada,
Buceo, Esquí...
Web Oficial:
National Park
Banff.
Coordenadas GPS: 51º 09' 11'' N
116º 01' 06'' W
Amaneció
nevado, con mucho frío y una capa de
hielo cubriendo nuestro coche. No
recuerdo bien la temperatura de aquel
día, pero posiblemente rondara los 0º.
Dejamos atrás el
Parque Nacional de Jasper para
adentrarnos en
Columbia Icefields,
un territorio inmenso, superviviente de
la última glaciación, que cubría casi
todo Canadá
hace 15.000 años.
Columbia Icefields
Columbia Icefields
es un enorme campo de hielo atrapado entre trece de las
treinta montañas más altas de las Montañas Rocosas.
Tiene aproximadamente 325km cuadrados y alimenta a ocho
Glaciares.
Se
estima que su máximo grosor es de 365mt. El agua
fundida se derrama en arroyos y ríos que se dirigen a
tres océanos: El Océano Pacífico,
el Océano Ártico
y el Océano Atlántico.
Estos ríos son la fuente para la agricultura y la
industria de millones de canadienses.
En medio de esas inmensas montañas nevadas se
encuentra Athabasca Glacier.
Una gran lengua de hielo que se extiende desde lo alto de
los picos hasta muy cerca de la carretera. A pesar de que
este glaciar
ha retrocedido notablemente desde 1844
(retrocede unos 2mt cada año), es un espectáculo digno de
contemplar. Aparcamos el coche en las inmediaciones y
emprendimos el camino de subida hasta llegar al borde mismo
del glaciar. El frío era intenso, pero la excursión mereció
la pena.
Continuamos en coche hasta
llegar a Saskatchewan Crossing, un antiguo cruce
situado en la confluencia entre
Icefields Parkway
y David Thomposn
Highway. Este paso
o cruce fue utilizado durante los años 1800 por los viajeros
y comerciantes de pieles que atravesaban el río en su camino
hacia
Columbia Británica.
Iniciamos el camino a través de
Icefields Parkway,más conocido como
la carretera de los glaciares. Esta carretera
fue abierta en 1940 y era simplemente un camino de grava.
Fue reconocido por la
UNESCO en el año 1984 como
Patrimonio de la Humanidad por su belleza natural y
valor geológico. Viajar a través de esta carretera es
experimentar uno de los tesoros de Canadá.
Se extiende 230km entre la ciudad de
Jasper
y el Lago Louise
y está considerada como uno de los paisajes de montaña más
espectaculares de la tierra. Picos, glaciares, lagos y
valles de fácil acceso se extienden a lo largo del camino.
Una carretera zigzagueante enredada entre altísimos montes
nos dirigió hasta
Mistaya Canyon, un
precioso cañón repleto de cuevas y arcos naturales enlazados
en sus paredes. Aparcamos el coche y nos dirigimos hacia el
cañón por un sendero estrecho en el que no faltaba el
correspondiente aviso de osos potencialmente peligrosos e
imprevisibles. Exploramos aquel espacio lleno de encanto
disfrutando unos instantes del silencio, únicamente roto por
el sonido del río abriéndose camino entre abetos gigantes
hasta caer impetuoso al abismo del cañón.
Atravesamos Bow Pass, el paso más alto de la zona con
2088mt sobre el nivel del mar. Aquella noche había nevado
copiosamente y las vistas eran increíbles. Con tantos abetos
cubiertos completamente de nieve parecíamos estar en un
cuento de Andersen.
Lago Peyto
El camino del bosque estaba despejado e iniciamos desde el
aparcamiento un corto paseo colina arriba hasta alcanzar un
mirador desde el cual la vista del
Lago
Peyto
nos dejó sin palabras. Sus aguas turquesas
provienen de los glaciares y forman un paisaje digno de ver.
Muchos éramos los que fotografiábamos aquel escenario. Todos
queríamos conservar aquella foto en el recuerdo.
Retrocedimos hasta el aparcamiento y nos dirigimos al otro
lado de aquellas montañas donde se extiende el
Lago
Héctor. Las aguas provenientes del
río Bow
desembocan en aquel lago glacial enclavado en las
Montañas Rocosas
y rodeado por una alfombra de exuberante bosque. El nombre
es atribuido a James Héctor, geólogo de la expedición
Palliser (expedición de exploración
norteamericana británica entre los años 1857 a 1860 cuyo
propósito fue explorar las posibles rutas para el
ferrocarril pacífico canadiense y descubrir nuevas especies
de plantas).
El reflejo de las montañas y bosques en el lago nos
deslumbró. Paseamos por la orilla, aunque no demasiado
tiempo ya que el frío era terrible.
Crowfoot Glacier
La carretera de los glaciares tocaba a su fin y para coronar
aquella belleza apareció ante nosotros
Crowfoot
Glacier,
un glaciar que hace un siglo tenía tres
brazos de hielo. Sin embargo se ha ido derritiendo y el
glaciar ha retrocedido considerablemente. Actualmente el
brazo más bajo ha desaparecido y el intermedio está
desapareciendo también.
No obstante, y bajo mi punto
de vista, a pesar del retroceso generalizado de los
glaciares, la grandeza y majestuosidad de todos ellos
difícilmente puede igualarse a nada de lo que yo conozco.
Proseguimos hasta llegar muy cerca del
Lago Louise, donde
estaba situado nuestro hotel y permitimos que nuestra vista
descansara durante la noche.
Amaneció
con un sol radiante. Animados por ello y a pesar del frío
reinante nos preparamos para visitar los lagos de aquella
zona...
Había estado preparando
durante todo el año este viaje, había visto montones de
fotografías de aquellos paisajes, conocía casi con exactitud
la situación de ríos, lagos y glaciares, y sin embargo, en
aquel momento, cuando el
Lago Louise
apareció ante nosotros, las lágrimas hicieron acto de
presencia.
Dominado por el Glaciar
Victoria, con 2,4km de
largo por 1,2km de ancho,
aquel lago es un lugar de tal belleza que nos hizo vibrar de
emoción. Paseamos durante horas por la
orilla observando flores, pájaros y ardillas, disfrutando y
saboreando cada minuto de aquel mágico día.
Numerosos
senderos parten del lago hacia otros destinos. Decidimos
acercarnos aquella tarde hasta la
Llanura de los Seis
Glaciares.
Un paseo de
7km desde el Lago Louise
entre frondosos bosques y densa vegetación. Prácticamente
llegó la noche y volvimos al hotel con la convicción de
acercarnos a la mañana siguiente hasta el
Lago Agnes,
situado a una distancia de 3,7km desde el
Lago Louise.
A pesar de que la niebla hacía imposible ver
el camino, decidimos adentrarnos en aquel bosque cuajado de
abetos. Las consabidas indicaciones de osos en los
alrededores no nos amedrentaron, aunque tengo que reconocer
que en algunos momentos presentimos que no andaban lejos.
Iniciamos la marcha con una
temperatura de 2º bajo cero y parecía imposible entrar en
calor. El bosque fue cerrán-dose cada vez más. Había troncos
caídos en el sendero y nieve, mucha nieve. Aproximadamente a
la mitad del camino, el sol se dejó ver y todo pareció más
sencillo. Un grupo de jóvenes nos adelantaron y nos unimos a
ellos. Dicen que el camino hacia el
Lago Agnes
es el más famoso de las
Montañas Rocosas
Canadienses y ese
día entendimos porqué.
Es un pequeño lago subalpino de montaña con una superficie
de 0, 52km² y se encuentra a una altitud de 2.134 metros
sobre el nivel del mar. Los indios lo llamaban “lago
en las nubes” y realmente parece estar encerrado en
el cielo.
Hay una cabaña en la orilla este (se trata del salón de té
más alto de Canadá,
construido en 1981). También existe una senda a lo largo de
la orilla norte con dirección al monte
Little Beehive.
Descansamos unos minutos tomando el correspondiente té e
iniciamos el descenso al
Lago Louise.
La temperatura había alcanzado los 6º.
Fue todo tan especial que no soy capaz de describir todas
las sensaciones que sentimos durante aquella mañana.
Estaba
atardeciendo y era nuestro último día en el
Parque Nacional de Banff. No podíamos irnos de allí
sin visitar el
Lago Moraine.
Un viaje corto en coche desde el
Lago Louise,
y en aproximadamente 15 minutos divisamos el lago. Está
enclavado en el
majestuoso
Valle de los Diez Picos.
Su agua es
de color turquesa y se comenta que es el asombroso “hermano
pequeño” del Lago
Louise.
El Lago Moraine
está rodeado de
excelentes senderos para caminar,
incluyendo uno, adecuado para todas las edades, que
serpentea a lo largo de la orilla oeste del lago, y otro un
poquito más largo que sube por una enorme pila de rocas
rojizas llamada la
Torre de Babel.
Nosotros caminamos por ambos, y no contentos con ello
decidimos dar un maravilloso paseo en canoa. Fue algo
verdaderamente increíble. Estuvimos en mitad del lago,
solos, rodeados de silencio. Los picos nevados se alzaban
majestuosos y los abetos nos saludaban a nuestro paso. Las
montañas reflejaban su belleza en el agua y todo resultó
mágico.
Llegó el día de la marcha y encaminamos nuestros pasos hacia
Calgary
no sin antes hacer una breve parada en el
Lago Minnewanka.
Y fue breve debido a las inclemencias del tiempo que
con
una persistente lluvia pareció llorar nuestra marcha.
El
Lago Minnewanka,
llamado
también “el lago de los espíritus” tiene 28km
de largo y 142mt de profundidad,
se alimenta del agua proveniente de los deshielos y es
transportada básicamente por la corriente del
río Cascade.
Durante al menos 10.000 años, los grupos humanos que se
asentaron y cazaron en las cercanías de este lago lo
respetaban y asociaban con poderes sobrenaturales. Por ello,
la tribu de los Stoney llamaba al lago “Minn-waki”
o Lago de los Espíritus.
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