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"lo primero
que nos encontramos es el puente del Perdón, obra
barroca que cruza el río Lozoya"
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Ficha
Técnica |
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Dificultad:
Nula.
Apta para todo el mundo.
Duración:
Tres
horas (ida y vuelta).
Desnivel:
300
metros.
Mejor
estación:
Todas. |
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Para localizar el inicio de nuestro
recorrido, hay que desplazarse hasta la
localidad madrileña de Rascafría. Apenas
dos kilómetros después de esta, tenemos
el monasterio del Paular. En el
aparcamiento del mismo se puede dejar el
vehículo, y una vez hecho esto, empezamos
a andar. |
| Cruzamos
la carretera, y lo primero que nos
encontramos es con El Puente
del Perdón, obra barroca
que cruza el río Lozoya. Nos
detenemos el tiempo suficiente para
contemplarlo, no todos los días
vemos tan buena armonía entre
urbanismo y naturaleza. El puente
consta de tres arcos y es
verdaderamente bonito. La pena es
que todavía pasen los coches por
el, debido a que la carretera
prosigue por el llamado Camino Viejo
de Madrid |
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para
terminar en el área recreativa de las
Presillas, lugar donde hay una enorme
piscina natural. Aquí se
cierra la pista al tráfico, apenas hemos
tardado cinco minutos en llegar. Desde
este punto hay gente que inicia la ruta,
pero recomendamos dejarlo donde lo hemos
hecho nosotros.
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Al
principio el sendero está marcado
con balizas verdes. En la número
cinco nos desviamos hacia la
izquierda. Avanzamos por un camino
en zigzag, el sol aprieta y no hay
toda la sombra que quisiéramos,
pero seguimos adelante. En nuestra
ruta ahora nos acompañan robles y
en todo momento la presencia del río
Lozoya refresca nuestra visión. Ya
hemos dejado atrás la pista, ahora
es un sendero que se mezcla con la
vegetación.
Las vacas pastan placidamente aquí. |

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| Si
en algún momento se quiere, no faltan
algunas pozas para el baño, para los que
hagáis la ruta en los meses estivales. |
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Cuando llevamos una hora de marcha,
pasamos una cancela, y al momento
vemos un puente de madera, por el
que no hemos de seguir. Este lugar
se conoce como el arroyo del Aguilón,
y en él, las vacas se vuelven a
ver. Enseguida debemos subir por
algunas rocas, divisar unos
pequeños saltos de agua cristalina
que caen en hermosas pozas, estas,
nos anuncian la proximidad de
nuestro objetivo, al cual llegamos
una hora y media después de haber
salido del monasterio. Tuvimos la
suerte de no ver
nadie en este lugar, y eso le
hace más bello si cabe aún. Son
dos saltos de agua preciosos en un
valle muy tranquilo y acogedor. Al
acercarnos a la cascada, el agua nos
salpica y nos da una gran sensación
de frescor, nos incita al baño. Es
el punto ideal para detenerse a
comer o simplemente a admirar la
naturaleza, el caso es pasar un buen
rato en uno de los rincones más
bonitos del Parque Natural de La Cumbre,
Lagunas y Circo de Peñalara. |
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Para
la vuelta, y después de darnos un buen baño,
empleamos el mismo tiempo que a la ida,
algo más cómoda por el desnivel pero sin
notarse en exceso.
Este recorrido lo hicimos:
Maite, Belén, Mari, Vicky, Elena y
Javier.

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Fotos
y Textos: Javier Crespo. |
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