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"En
esta nueva travesía de montaña, nuestro grupo
recorre La Sierra de La Cabrera, un cordal
perteneciente al Sistema Central y donde hicimos
cumbre sus mayores alturas"
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Iniciamos esta nueva travesía de montaña
en la localidad que da nombre a la sierra
que pretendemos recorrer. La Sierra de La
Cabrera es un cordel que apenas supera los
cuatro kilómetros de longitud y sus mayores
alturas son el Cancho Gordo y El Pico de La
Miel, son los picos que pretendemos en esta
jornada, montañas que no superan los 2000
metros de altitud pero, siempre que hemos
viajado por la N-I dirección Burgos, nos ha
sorprendido como se alza imponente hacia el
cielo esta sierra. Siempre en nuestro paso
sabíamos que algún día la recorreríamos. |
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El
día ha llegado y partimos del pueblo de La
Cabrera cuando los primeros rayos de sol bañan
agujas, picos y canchales. Nos ofrece en tonos
sonrosados sus paredes verticales, que cuenta con
más de 50 vías de escalada. No es de extrañar
que nos encontremos cordadas escalando estas
verticales paredes, ya que es una de las mejores
escuelas de escalada, junto con La Pedriza, de
toda la Comunidad de Madrid.
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En fuerte subida y por un sendero que en
más de una ocasión tiende a perderse,
vamos ganando altura entre jaras y rumbo a
nuestra primera meta, El Pico de La
Miel.
Según ascendemos nos vamos encontrando
rincones de gran belleza natural, abrigos,
pequeñas praderas y formas caprichosas de
las rocas que nos hacen gozar y disfrutar
mientras, nuestra respiración acelerada
busca una pausa y nos hace que recuperemos
fuerzas. En una hora de esta dura subida,
llegamos a una pequeña portilla que divide
las montañas y ya divisamos su cara Norte.
En la subida por la cara Sur, no nos hemos
encontrado nada de nieve, eso sí, mucha
agua, el sendero a veces se inundaba y nos
costaba avanzar para no mojarnos. |
La
cara Norte nos ofrece otra visión distinta, menos
pronunciada, pero con un inmaculado manto blanco,
que como en las travesías invernales tanto nos
gusta. Nos descolgamos nuestras pesadas mochilas,
que dejamos en un rincón y nos disponemos a
remontar el tramo que a nuestra derecha nos lleva
a nuestra primera meta, El Pico de La Miel.
El
terreno entre rocas esta totalmente helado y
nos cuesta avanzar, ya que no portamos los
crampones, que nos acompañan en las
travesías invernales. En más de una
ocasión damos con nuestros huesos en el
suelo, con más de un resbalón. Con el
cuidado de no volver una vez más al suelo
hacemos cumbre en el pico de La Miel.
Nos encontramos a 1392 metros de altitud y
gozamos de unas vistas impresionantes. La
Cabrera a nuestros pies, así como La N-I
surcada de conductores con el pie a tope
puesto en su acelerador, intentando
adelantar a los innumerables camiones de
cinco ruedas que la surcan. |
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A
lo lejos el Embalse del Atazar y continuando la
sierra se alza el Cancho Gordo, nuestro siguiente
destino. Descendemos de nuevo con cuidado y tras
recoger nuestras mochilas faldeamos y remontamos
nuevos canchales. El colorido es especial, la
nieve lo cubre todo y las piedras cubiertas de
blanco se alzan simpáticas ofreciéndonos mil
formas. Parece que la mano del hombre haya ido
modelando estos canchales, sin lugar a dudas, son
destino de fuertes erosiones, tanto del agua como
del viento.

Hemos bordeado el Canchal de La Cruz y ahora nos
encontramos en el Collado de Alfrecho. Abajo el
convento de San Antonio se deja ver entre las
paredes verticales. Arriba un buitre leonado nos
observa desde su atalaya, en el cielo una veintena
de estos vuelan en circulo en busca de su presa.
Desde aquí observamos con tranquilidad por donde
vamos a acometer la subida. Un pequeño grupo de
nosotros se adelanta y nos van informando por las
emisoras de lo que acontece arriba. Atrás, los
más rezagados tan solo tenemos que seguir las
huellas que van dejando en la nieve los que nos
preceden.
Pasamos
por recovecos realmente llamativos hasta que
nos agrupamos con nuestros compañeros.
Aquí una placa empotrada en la roca nos
informa de un trágico accidente. Un joven
perdió la vida cuando subió a su primera y
única montaña.
Nos quitamos nuevamente las mochilas y por
un canal de piedra trepamos ayudándonos de
manos y pies, para progresar. En algunas
ocasiones nos ayudamos unos a otros para
continuar, hasta que llegamos a la cumbre. |
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Aquí
se encuentran los restos de un pequeño refugio en
fase de ruina total y detrás de este, en una gran
piedra se alza su índice geodésico.
Nos encontramos a 1563 metros de altura, en la
cumbre más alta de esta sierra y disfrutamos de
nuevo con nuevas panorámicas.
Hacia levante se alza La Sierra de Ayllón y
recordamos cuando hicimos cumbre El Pico Lobo y El
Ocejón.
Hacia
levante se alza La Sierra de Ayllón y recordamos
cuando hicimos cumbre El Pico Lobo y El Ocejón.
Descendemos por el canal ayudándonos de nuevo
unos a otros. Las formas caprichosas de las rocas
se siguen sucediendo cuando ya ponemos la vista en
el descenso total. Nos dejamos caer por un sendero
muy vertical entre grandes jarales hacia el
convento de San Antonio. Nos agrada el nombre de
este lugar de culto y oración, ya que se llama
igual al que tenemos frente a El Rincón.
Visitamos los aledaños de esta románica
construcción y por asfalto, continuando un “vía
crucis” llegamos a la población que nueve horas
antes nos vio partir, donde damos por finalizada
esta interesante travesía de montaña. |