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Nada
más iniciarse, debemos caminar hacia la derecha
por una pequeña cárcava, que tiene una
trayectoria ascendente y en la que ya apreciamos
las primeras jaras, que por ser en su época,
ahora están en flor. Vemos el pueblo a medida que
vamos elevándonos, por la senda que ahora si,
está bien marcada.

Después
de subir por encima de los novecientos metros,
iniciamos un descenso, que nos lleva por un pinar,
con el camino bastante erosionado por las lluvias
de estos días, hacia una pista asfaltada, que une
el pueblo de Hontanar, con la ermita de la
Milagro, que ya se divisa ante nosotros. Cruzamos
la citada pista, y caminamos unos pasos con la
valla del camping a nuestra derecha, hasta llegar
al alcornoque de la Milagro. Es un árbol
impresionante por el grosor de su tronco y por su
altura, y en el que nos hacemos las primeras fotos
de grupo. Seguidamente subimos a la ermita de la
Milagro, en donde bebemos agua de su fuente, y
vemos la pista que sale detrás del mencionado
templo, por el que debemos seguir nuestro
itinerario.

Ya
por la pista, tras dejar una hermosa pradera a
nuestra izquierda, pero nosotros vamos
ascendiendo, en busca del Collado de la Madroña,
y con las nubes amenazando en descargar gran
cantidad de agua.
Hoy no hace calor, y eso produce que sean menos
sofocantes nuestros pasos, hacia las alturas, pues
son rampas respetables. A los 1.026 metros, hemos
alcanzado nuestro objetivo, aunque la lluvia hace
acto de presencia, y nos quita parte de la visión
que debíamos tener de toda la sierra. Dejando un
camino que sale por nuestra izquierda, y que se
dirige al Corral de Cantos, iniciamos una
trayectoria levemente descendiente.

Pronto
llegamos al arroyo Gatillo, donde el agua pasa por
debajo de la pista, y se deja caer por la ladera.
En el día de nuestra excursión el agua que lleva
es abundante.
Ahora claramente
descendemos por un zigzag, hasta llegar al arroyo
de las Lanchas. Nos sigue lloviendo, pero menos, y
decidimos adentrarnos en este precioso lugar,
donde las rocas se han debido adaptar al paso del
río.
Nos vamos buscando un estrecho sendero,
y vamos avanzando ante la espesa
vegetación y las grandes rocas. Al rato divisamos
una hermosa cascada, que lleva un gran caudal.
Pero no nos detenemos aquí, sino que seguimos el
curso del agua, y más arriba, y tras algunos
pasos de mucha dificultad, contemplamos una
cascada aún más alta, aunque más estrecha que
la anterior. La lluvia cae con fuerza, y nos vemos
obligados a descender y buscar refugio en las
ruinas de una antigua labranza.
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Una
vez que escampa, reemprendemos la marcha, y
por la pista llegamos pronto a los “Porches
de Dionisio”, en donde las vacas pastan a
sus anchas. Al poco de pasar este lugar,
debemos adentrarnos a nuestra derecha por un
pinar muy bonito, que transcurre en parte
por el arroyo de Valdelachiva, y que en
varias ocasiones debemos
de atravesar, no siendo fácil debido
al caudal que arrastra. |

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El
agua descargada por las nubes, hace que resalten
más los colores, llamando especialmente la
atención, el suelo tan rojizo de los Montes de
Toledo.
Al cabo de un rato, volvemos a salir a la pista
que dejamos anteriormente, y enseguida vemos ya el
pueblo de Hontanar, en donde nuestros vehículos
nos esperan.
Hemos dado un hermoso paseo por esta comarca de
los Montes de Toledo, y aunque nos hemos mojado un
rato, nadie se arrepiente de haber venido, y
descansamos un rato en el bar situado en la plaza
del ayuntamiento de este pueblo de Hontanar.
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Esta
ruta la realizamos: Maite, Mari, Ana, Fran,
Fernando, Andoni y Javier. |
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