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Diez horas antes de iniciar esta ruta,
todavía no sabíamos si podríamos
hacerla. Fernando, nuestro compañero de
Cañete me llama por teléfono y me
comenta que ya están cubiertos de nieve
los tejados del pueblo y las calles
tapadas bajo un manto blanco. Nos
despedimos quedando en llamarnos a primera
hora de la mañana y en función de la
nieve caída durante la noche, decidir si
íbamos o no a Cañete.
Las
7:30, suena el teléfono, los buenos días
y las novedades. “Hay bastante nieve pero no vamos a encontrar ninguna rodada de
coches, estará completamente virgen, a no
ser que tengamos la mala suerte de
encontrarnos alguna batida de caza en
nuestro camino”.
“No
se hable más, salimos en media hora”.
En
nuestro punto de encuentro anuncio la
presencia de nieve y a todos nos parece un
aliciente más para no perdernos un día
totalmente soleado y cubierto de nieve
recién caída.
Llegamos
a nuestro destino y ya en la villa nos
esperan sobre sus monturas nuestros amigos
del Club Ciclista de Cañete. Partimos
“13” valientes hacia la dura ascensión
de la “Cabeza de don Pedro”. Digo lo
de valientes, porque a la postre tuvimos
que emplearnos a fondo, como pocas veces,
para completar un recorrido de apenas 40
kilómetros pero de auténtico
rompepiernas.
Comienzan
las primeras rampas; la nieve no es ningún
obstáculo y no impide la tracción en las
ruedas aunque el esfuerzo para abrir
camino supone un esfuerzo añadido a la
acusada pendiente que en algunos momentos
supera el 20%. La Cabeza de don Pedro es
visible desde toda la comarca y tiene unos
6 kilómetros de ascensión realmente
duros porque no tiene ni un solo momento
de tregua, siendo el último un auténtico
pedregal. Las vistas desde lo alto son
sobrecogedoras. La visibilidad es total y
podemos divisar en primer término las
Cabezas de Boniches y el Cerro del Telégrafo
que ya subimos en otra ocasión, el Pico
de la Tabardeña – objetivo del día -,
la estación de Javalambre de
Teruel, los Montes Universales, el Pico
Ranera, la Sierra de Talayuelas y Collado
Bajo -mítica cima, de casi 2.000 metros,
a la que hemos hecho cumbre en repetidas
ocasiones- entre otros parajes de la
comarca.
Un breve descanso para hacer unas fotos y
rápidamente, para no quedarnos fríos,
nos ponemos en marcha.
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El
descenso hacia el río Mayor es
arriesgado pero vamos tomando
confianza a pesar de la nieve y prácticamente
bajamos a la misma velocidad que en
seco. Hay que extremar la precaución
porque hay roderas escondidas que se
pueden convertir en verdaderas
trampas. Sobre el Rento de Doña
Julia continuamos por un sin fin de
toboganes, continuas subidas y
bajadas hasta un arrastradero de
madera que nos lleva directamente al
río. Cruzamos el Puente de
Ayuntaderos, antes de su
desembocadura con el Cabriel y
hacemos un pequeño tramo de
carretera hacia Boniches. Viene bien
para soltar un poquito las piernas.
Pronto
abandonamos la carretera para
iniciar la ascensión al Pico de la
Tabardeña pero antes visitamos los
restos iberos de la zona con un
imponente castillo natural que servía
de refugio a estos antiguos
pobladores.
En
lo alto encontraban la seguridad
ante los invasores y sobre todo el
agua que almacenaban en los aljibes.
No
es difícil |

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| imaginar
la forma de vida de nuestros
antepasados en una zona tan agreste
y en unas condiciones tan extremas
donde sólo los más fuertes
sobrevivían. |
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Después
de esta inolvidable visita y ya con
cansancio acumulado, todavía nos
queda la parte más dura de la
jornada. La Tabardeña alcanza
porcentajes del 30% en un terreno
pegajoso de arenisca. El esfuerzo es
máximo y cada pedalada un triunfo
pero merece la pena asomarnos al vacío
desde lo alto. Las vistas son
impresionantes.
Tiramos
todas las fotos que quedan en el
carrete y descendemos hasta Boniches
para regresar de nuevo a Cañete por
la Vega del Río Mayor del
Molinillo.
Creo
que ninguno de nosotros vamos a
olvidar el día de hoy que lo
recordaremos como una jornada épica
de auténtico MTB, en un territorio
duro como ninguno con tesoros
naturales que ya hemos conocido y
otros que quedan por descubrir.
Hasta
pronto Cañete. |
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