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Aventura

Club Deportivo Elemental "En Ruta".

En Ruta

CLUB DEPORTIVO ELEMENTAL "EN RUTA" 
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Arqueología y Naturaleza... Entre Montalbo y Segóbriga

2004

Viaje cultural en bicicleta tras las huellas del pasado.

El 11 de Enero el club “En Ruta” se desplazó a una de las zonas más ricas en yacimientos arqueológicos de la región. Visitamos el Templo de Diana y la ciudad romana de Segóbriga, el castillo renacentista de Luján y la importante ciudad celtibérica de Fosos de Bayona, así como la Laguna del Hito, donde pudimos contemplar una importante colonia migratoria de grullas...

El punto de inicio y final de nuestra ruta fue el pueblo de Montalbo. En la foto se observa una preciosa ventana gótica de la iglesia.

       La ruta comenzó desplazándonos con coche al pueblo de Montalbo. Tras montar las bicicletas contemplamos la singular ventana gótica de su iglesia y el solar del antiguo castillo, hoy convertido en plaza de toros. La imponente vista que desde este lugar suele haber de la Laguna del Hito no pudimos contemplarla por la espesa niebla. La ruta comenzó por un camino próximo a la laguna que sólo podíamos imaginar. La fría mañana nos envolvía en un ambiente muy especial que culminó con la llegada de cientos de grullas volando muy bajitas en forma de “V”. Aparecían entre la niebla y al descubrirnos cambiaban  levemente de dirección. Gracias a la  espesa niebla pudimos verlas de cerca.

A un grupo de grullas le sucedía otro, y otro, hasta casi llenar el cielo sobre nuestras cabezas. Parados sobre la bici escuchamos su griterío en silencio, como paralizados por el espectáculo.
La mañana había empezado bien y nos encontrábamos eufóricos, sin embargo pronto la moral comenzó a bajar en el grupo. Las referencias que debíamos seguir no eran visibles. Apenas veíamos unas decenas de metros delante de nosotros y en cada cruce llegaban las dudas. Tras consultar los planos nos poníamos de nuevo en marcha. En cierto momento preguntamos a un grupo que recolectaba aceituna por el paraje de La Melera y saber que estábamos en el buen camino nos dio más confianza. Entre terrenos agrícolas pronto nos sorprendieron unos falsos prados que creímos de una vía pecuaria, pero luego descubrimos que podrían ser restos de la antigua calzada romana.

La niebla, que comenzaba ya a levantarse, nos había impedido ver las zonas de referencia necesarias para tomar el camino adecuado, y nos hacía dudar en cada cruce.

El desconcierto nos invadió de nuevo cerca de la Casa del Pozuelo cuando nuestro camino había sido labrado y desaparecía. Tras darle muchas vueltas y algunos intentos fallidos, nuestro compañero Pablo Fernández encontró un camino-senda que llegaba al vértice geodésico, donde seguidamente retomamos la ruta hacia el Palacio por donde Carlos, el coordinador de la misma, había planificado.
Una desgastada calzada romana nos llevó junto a un grupo de cortados de piedra, una antigua cantera, donde apenas eran visibles unos grabados prerromanos. Se trataba del Templo de Diana, que luego vimos detalladamente en una reproducción situada en el centro de interpretación de Segóbriga.
El circo de Segóbriga permitía “disfrutar” del espectáculo de la lucha de gladiadores y fieras, antecedente de nuestras corridas de toros. El teatro romano de Segóbriga. Es el mejor conservado de la península. Se piensa que tenía capacidad para 2.000 personas. Y en la actualidad, rehabilitado, es un escenario ideal para representar obras clásicas, como durante la Semana de Teatro Grecolatino, que todos los años se lleva a cabo en los meses de mayo-junio.

La ciudad romana más importante de la región nos sorprendió como en anteriores visitas. Rememoramos de nuevo la vida en esta impresionante ciudad, dotada de uno de los mejores teatros romanos de la península, de un anfiteatro preparado para espectáculos de gladiadores y de fieras, o unas termas con todas las comodidades, desde gimnasio a sauna. Las excavaciones arqueológicas del cerro lógicamente están incompletas pero es de esperar que se hagan aún importantes descubrimientos. La imaginación completa cada particular visión, como por ejemplo viendo en el circo, en el lugar para las carreras de caballos, al otro lado de la carretera, los decorados de la película de “Ben Hur”.
Nos cuentan que los romanos consiguieron bajar de los cerros a los pobladores de la península, ofreciéndoles e imponiendo una cultura y una ciudad moderna. Sin olvidar que la explotación del espejuelo, el yeso laminado traslúcido cubría las ventanas de todo el imperio que debía de ser caro y apreciado, hizo tan próspera esta ciudad.

La naturaleza nos sorprende de nuevo con una preciosa hoz junto al río Cigüela, con algunas zonas de escalada en la roca caliza,  donde se ha señalizado un itinerario ecológico que muestra su gran riqueza natural.

Entre los tiros de los cazadores de perdices salimos del recinto vallado por lo que se supone era una calzada romana. La naturaleza nos sorprende de nuevo con una preciosa hoz junto al río Cigüela, con algunas zonas de escalada en la roca caliza y donde se ha señalizado un itinerario ecológico que muestra su gran riqueza natural. El camino, ya conocido, que va hacia la casa de Villa Paz, lo dejamos para descubrir alguna alternativa que bordee la finca. Mientras algunos investigaban un posible camino, el resto visitamos el impresionante castillo artillero de Luján.
Los “exploradores” nos comunicaron por el móvil que el camino a Villas Viejas continuaba cortado y tras cruzar el río y las zonas agrícolas habían salido a otro que giraba en dirección Saelices, lugar al que nos instaban a continuar para juntarnos de nuevo. La impresionante vuelta que dimos nos llevó a la vía de servicio de la autovía hacia Montalbo. 
La niebla, las paradas y la mala suerte de encontrar el camino cortado nos habían retrasado y, ya sobre las 16:00 h. y sin comer, nos dirigíamos hacia nuestro punto de partida.

El castillo visigótico de Luján es un verdadero tesoro con multitud de detalles aún conservados entre las ruinas, y da muestras del pasado tan intenso que ha tenido esta zona.

El hambre, el cansancio y la frustración de haber tenido que dar un gran rodeo innecesario nos invadía. Mientras las largas rectas de la autovía subían empinados cerros el grupo se deshizo y todos nos distanciamos unos de otros, cada uno en sus penosos pensamientos. A la mente nos llegaban recuerdos de otras épocas en las que otras personas vivían en nuestro territorio.

Los “Fosos de Bayona”, la Contrebia Cárbica dos milenios atrás comunicada por la calzada que viene de Cartagena, hoy Villas Viejas, junto a la autovía, fue una inmensa ciudad celtíbera amurallada de más de 15 hectáreas.

Se mezclaban los romanos con los visigodos o con los celtíberos, y todos explotaban las vegas y las minas de espejuelo por las impecables calzadas similares a la autovía por la que circulábamos. A todo este desconcierto se sumó que Carlos seguía mostrándonos la localización de asentamientos, puentes y calzadas. Como aquel sediento que recoge agua de lluvia en un pequeño vaso ya colmado, nos agrupamos todos para escuchar sorprendidos que nos hallábamos ante Fosos de Bayona, una inmensa ciudad celtíbera de más de 15 hectáreas, de la que se conservan los recintos amurallados, el doble foso y posiblemente las torres de vigilancia que protegerían sus puertas.
La Contrebia Cárbica que desaparecería poco a poco en favor de Segóbriga después de las guerras sertorianas. Aún hoy es objeto del lamentable expolio.
Pero alguien habló de lo ricos que debían estar unos huevos fritos y ya todos juntos volvimos a Montalbo por la laguna del Hito como veleros llevados por el viento, saboreando con la imaginación ese delicioso manjar y olvidando que en casa, donde llegaríamos a las 6 de la tarde, estarían ciertamente preocupados por nuestra tardanza.
Escribiendo estas líneas nos llegan buenas noticias de Segóbriga acerca del descubrimiento de nuevos e importantes hallazgos entre los que destaca una moneda de gran valor acuñada en la Casa de la Moneda de Constantinopla en el año 383. 

¡Enhorabuena!.

Alguien habló de lo ricos que debían estar unos huevos fritos y todos volvimos a Montalbo por la laguna del Hito como veleros llevados por el viento, saboreando con la imaginación ese delicioso manjar y olvidando que en casa, donde llegaríamos a las 6 de la tarde, estarían ciertamente preocupados por nuestra tardanza.

Fotos y Textos: Pablo Martínez Espejo.

 
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