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Aventura

Club Deportivo Elemental "En Ruta".

En Ruta

CLUB DEPORTIVO ELEMENTAL "EN RUTA" 
CIF G-16201212 Alfonso VIII, 89 . 16001 CUENCA
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La Muela de La Madera

 2 de Marzo  2.003

        Después de la experiencia en la nieve del día anterior (ver Ruta del Estrecho del Infierno), nos quedamos con las ganas de hacer más kilómetros en bicicleta y al pasar por la localidad de Uña cuando regresábamos a Cuenca y ver los farallones rocosos sobre la laguna, no podemos resistir la tentación y nos citamos al día siguiente para embarcarnos en una nueva aventura por la Muela de la Madera. Juanito (“Friji”), que es un auténtico Todo Terreno en bicicleta, además de buen conocedor de nuestra Sierra, me va a descubrir nuevas conexiones entre Las Majadas y Uña y ya estoy ansioso por comenzar la ruta.
“A ver si levanta pronto esta niebla porque si no, se nos van a fastidiar las vistas”...

      ...comentábamos a nuestra llegada a Las Majadas. Tuvimos suerte pues nada más comenzar la ruta en Los Callejones, la niebla se había disipado casi totalmente.   
El primer kilómetro por carretera hasta las parideras y a partir de ahí nos esperaba un recorrido espectacular sobre los cortados de Uña. Para comenzar, nos asomamos al Picón del Tío Cogote desde donde podíamos ver sobrevolar a los buitres, con el impresionante Puente de Royofrío y un Júcar serpenteante a nuestros pies.
      Una buena parte del camino transcurre junto a las rocas. Juanito me advierte, “aquí cuidadito con las salidas de pista que en cualquier momento sales volando”, y lo decía con razón, pues en determinados tramos tan sólo unos pocos metros nos separaban del precipicio. Llevamos 1 hora de ruta y tan sólo hemos podido hacer 11 kilómetros. Las condiciones del terreno, debido al deshielo de las nevadas de días anteriores, hacen que cualquier desnivel, por pequeño que sea, parezca una rampa del 20%.

       También resultó ser cuestión de fuerza y equilibrio sortear algunas cuestas ya que el barro nos hacía patinar en cuanto imprimías fuerza a los pedales. A pesar de todo y del lamentable estado en que iban quedando nuestras bicicletas, merecía la pena por las impresionantes vistas que bien merecían una y otra parada para tener un recuerdo fotográfico.

      Después de sobrevolar las Catedrales, el camino comienza a descender vertiginosamente hasta un punto en que se corta y hay que echar pie a tierra para enlazar con otro camino que discurre ladera abajo y que nos acercará prácticamente hasta el Rincón de Uña.
      
  A nuestro paso encontramos los restos de un ciervo que había sido pasto de los buitres. Menudo festín tuvieron que darse a tenor de cómo habían dejado de repelado al animal.
      Con la piscifactoría de Uña a nuestros pies, comenzamos la larga ascensión a la Peña del Acebo. Se trata de un barranco de suave pendiente, muy divertido y que serpentea constantemente. En muchos tramos, la presencia de nieve y barro nos pone a prueba pues a veces nos culeaba más la bicicleta que a Kevin Schwantz en sus mejores tiempos. En cada curva cundía la alarma de pequeños terneros que acudían prestos al refugio de sus madres que nos brindaban una tierna mirada y seguían comiendo como si con ellas no fuera la cosa.

       Tuvimos ocasión de ver Las Cuevas, que bien podrían haber sido refugios atávicos, hoy convertidas en parideras naturales.
Vaya un momento para pinchar más inoportuno. Con la rueda atascadita de barro podéis imaginar el pringue que supone sustituir la cámara con la precaución de que no se meta nada dentro de la cubierta. Bueno, una parada en plena subida tampoco viene nada mal.
Buscando el camino que nos tendría que llevar a El Maíllo, de nuevo otro pinchazo. Menos mal que llevo siempre 2 cámaras de repuesto, pero no podemos continuar ya que un nuevo pinchazo nos obligaría a parchear las cámaras dañadas y el tiempo se nos había echado encima. Optamos por regresar a Los Callejones por carretera y así, como mucho, a las 14:30 estaríamos en Cuenca. En esta última parte del recorrido, con un perfil claramente ascendente, las piernas ya empezaban a quejarse por el esfuerzo realizado y nos sentimos muy aliviados al llegar a los coches. En ese momento hubiésemos pagado lo que sea por un buen fisioterapeuta.

      Ya en Las Majadas, no podemos irnos sin pasar por la panadería de este bello pueblo serrano,  de merecida fama por sus productos artesanos y aprovisionarnos con unas hogazas de pan, rosquillos de aguardiente y mantecados. A las horas que son, ya no quedan tortas, porque como dicen en el lugar, “sólo se las comen los del pueblo” porque madrugan más que los turistas. Entre rosquillas y mantecados, de regreso a Cuenca, ya vamos planeando la aventura del próximo fin de semana que promete ser tan emocionante como la de hoy.

Ah!, si alguna vez vais a Las Majadas no dejéis de comprar tortas, eso sí, ¡a primera hora!.

Fotos y Textos: Pablo Fernández.

 
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