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El
frío y la nieve han hecho estragos en el
día de hoy. Tan sólo hemos sido tres los
miembros del club que hemos acudido a
nuestra esperada cita semanal. A lo largo
de la Hoz del Huécar, con el sol aún por
asomar, comenzamos nuestra ruta a -5º C.
Hay que prestar mucha atención a las
placas de hielo. Por fortuna, antes de
llegar a Molinos de Papel, nos adelanta un
camión vertiendo sal sobre la carretera.
Todavía no sabemos si podremos afrontar
la ascensión desde Palomera a la Sierra
de las Pilas.
Las
primeras rampas no presentan complicación.
La nieve es blanda y las placas de hielo
muy aisladas. Todo indica que vamos a
tener suerte en el día de hoy.
Ya
en los altos el espesor de nieve es mucho
mayor y el esfuerzo para mover la
bicicleta nos pone a prueba. Guardar el
equilibrio incluso llaneando se hace difícil,
pero estamos disfrutando de un paisaje único.
La nieve está virgen y vamos abriendo
camino sin rodadas de vehículo alguno.
Toda una suerte en estos tiempos en los
que la afición al 4x4 y a los quads, vehículos
absolutamente dañinos con el suelo que
pisan, ha crecido considerablemente.
Nos
adentramos en la Hoz Chiquita y el
descenso se convierte en toda una prueba
de habilidad ya que los frenos no accionan
correctamente por la nieve y el hielo
acumulados en las zapatas que, además, se
van desgastando a marchas forzadas.
Antes
de descender a la Hoz de San Miguel, tres
rampas durísimas del 25% de pendiente,
que en seco se suben con gran esfuerzo
aunque con relativa facilidad, ahora nos
obligan a poner el pie a tierra porque
perdemos tracción con la rueda trasera y
nos hundimos en la nieve. No nos viene mal
del todo andar un poquito para calentar
los pies. Las brumas que nos han acompañado
durante la mañana se han despejado y el
sol luce radiante.
Abandonamos
el camino y comienza el tramo más
emocionante de la ruta, una senda trialera
que desciende en forma de zetas hasta la
Hoz de San Miguel. A veces hay que sacar
un pie de la cala y arrastrarlo por la
nieve para guardar el equilibrio; los
frenos casi no responden. Nos embarga un
espíritu de aventura y riesgo que no
muchas veces se puede experimentar. La
nieve descubre el rastro de multitud de
animales y a veces detenemos nuestra
marcha para examinar las huellas.
Dejamos
la Hoz de San Miguel y regresamos a Cuenca
por el antiguo Camino Cañete y por el
antiguo apeadero de Mohorte.
Satisfacción
en nuestras caras por la experiencia que
hemos vivido. Sorprendentemente no hemos
sufrido ninguna caída en esta travesía
en bicicleta sobre la nieve. Ahora sólo
queda limpiar y reparar nuestras máquinas
para la siguiente aventura. |