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La
Gavilla Verde y El Club En Ruta en
la sierra de Abendón
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Seguimos
los pasos del maquis. El Club
En Ruta y La Gavilla Verde
vuelven a rememorar episodios
de los años cuarenta cuando
la Sierra de Santa Cruz de
Moya se convirtió en uno de
los principales focos de
resistencia antifascista.
En
cada pedalada puedes imaginar
escenas de escaramuzas en
estas escarpadas montañas.
Hoy transitamos por estos
caminos intentando mantener el
recuerdo de nuestra Historia más
reciente. |
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Hoy
es un día muy especial para
el Club En Ruta porque
nuestros amigos de La Gavilla
Verde vuelven a mostrarnos y a
compartir con nosotros su
historia y sus tesoros
naturales.
En el Parque de la Trinidad
empezamos a cargar las
bicicletas en los coches.
Todavía es de noche y el
cielo amenaza lluvia. De
camino a Santa Cruz de Moya
hacemos un alto en Cañete
donde se incorporan nuestros
ya inseparables compañeros de
aventuras de esta villa.
Bajando
el puerto que nos lleva a
Santa Cruz de Moya
contemplamos la zona montañosa
que rodea a esta bella
localidad. Recuerdo la primera
vez que vinimos a hacer la
ruta de Cerro Moreno, cómo
sobrecoge esta sierra, tan
bella como agreste y el miedo
escénico que produce sólo
pensar que vas a coger tu
bicicleta para adentrarte en
esa espesura de subidas y
bajadas sin fin.
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En el pueblo ya nos están
esperando y nos espera
una agradable sorpresa y
es que vamos a compartir
jornada con más
ciclistas procedentes de
Aras de los Olmos y de
un club ciclista de
Utiel. El grupo es
numeroso y se palpan las
ganas de dar pedales y
de conocer nuevos
itinerarios que nos
tienen reservados los de
La Gavilla.
Salimos de Santa
Cruz de Moya por
carretera y en seguida
la abandonamos para
meternos de lleno en la
ascensión de la Sierra
de Abendón. Se trata de
uno de los puertos más
largos de la provincia
para bicicleta de montaña
con algo más de 10 kilómetros
de ascensión y algunas
rampas de consideración.
La ruta es de una dureza
moderada gracias al
inmejorable estado de
los caminos por los que
transitamos, característica
general, por lo que
pudimos comprobar, de
toda la red de caminos
de la comarca.
No
perdimos detalle de los
tramos asfaltados de
todas las bajantes
naturales de agua, una
previsión más que
necesaria para preservar
el excelente firme
ante las
destructivas riadas en
época de lluvias. |
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| Llegamos
al alto del puerto desde donde
contemplamos una magnífica
vista de El Abendón,
divisando a lo lejos el camino
de regreso, pero ahora es el
momento de disfrutar con un
alucinante descenso y unos
toboganes de infarto. En
Cuenca no estamos
acostumbrados a bajar tan rápido
porque las roderas y profundos
baches que nos encontramos nos
hacen extremar la precaución
y disminuir considerablemente
la velocidad, pero hoy es
diferente. Nada nos impide que
nuestro cuentakilómetros
supere en algunos casos los 70
kilómetros por hora, una
sensación que pocas veces
podremos experimentar sobre
una bicicleta de montaña lanzándote
a tumba abierta. Algunos no
podemos resistir la tentación
de lanzar un grito al estilo
“banzai” cuando cogíamos
máxima aceleración y las
piernas ya no podían girar más
deprisa. |
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Con
la adrenalina todavía a
borbotones llegamos a las
Casas del Marqués, donde
hacemos una breve parada para
reponer fuerzas con barritas
energéticas que nos
proporcionan los buenos de La
Gavilla y donde nos explican
parte de la historia de la
zona de gran actividad
guerrillera y de los avatares
de sus pobladores durante la
resistencia. Pasamos a “Las
Casas del Otro Lado”, cuyo
curioso nombre obedece a que
esta aldea está justo “al
otro lado” de las del Marqués,
para comenzar el regreso hacia
el Turia que nos tiene
reservadas algunas tachuelas
con porcentajes acusados, pero
no nos costará mucho esfuerzo
sabiendo que a continuación
nos esperan más bajadas y más
emociones como el descenso de
la Sierra de Antaneja. En el término
de Aras de los Olmos
(Valencia), con el río a
nuestra vera, la sensación es
aún más gratificante y un
compañero nos comenta su
experiencia en piragua por
estos tramos rápidos de agua.
Todavía se mantiene
una gruesa rama arrastrada por
una riada y que fue causa de
un pequeño alboroto del grupo
de piragüistas. |
Advertimos
cuidadas zonas de ocio a lo
largo de la ruta de regreso y
ascendemos de nuevo a la
carretera de Valencia por una
zona de acampada llamada Los
Rubiales, donde volvemos a
hacer una nueva parada antes
de llegar al Puente Nuevo,
obra colosal de ingeniería
que se alza majestuoso sobre
el Turia salvando un gran
desfiladero.
Algo cansados por el esfuerzo
llegamos a Santa Cruz de Moya
donde nuestros anfitriones nos
tienen reservado un final de
jornada muy apetecible, como
son los “tortos” típicos
de Santa Cruz de Moya,
aderezados al gusto en el
horno con sardinas y bacon. En
el bar, sentados a la mesa,
gente recién conocida de Aras
de los Olmos, de Utiel, de
Cañete, de Cuenca, de Madrid
y los artífices de todo esto,
Juan Fran y Toni, lugareños
de La Gavilla Verde a los que
les agradecemos todo el
esfuerzo que supone cuidar
todos los detalles para que
nos sintamos como en nuestra
propia casa. Y así fue....
Doy fe de ello. |
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