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La
semana vino cargadita de lluvia y lo que
en Cuenca es agua, en la Sierra es nieve.
No conocíamos un invierno con tanta
pluviosidad como éste. La subida al
Albergue de San Blas de Tragacete se hace
prácticamente imposible, sobre todo en la
cuesta del Molino, pero los organizadores
de la concentración MTB que todos los años
congrega a antiguos alumnos del IES Hervás
y Panduro, nos confirman que el acceso no
presenta ninguna dificultad.
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"Lo
que en Cuenca es agua...
en
La Sierra es nieve" |

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Las
rutas que La Asociación Juvenil
ADHE tiene previstas para el fin
de semana no tienen desperdicio y
transcurren por una de las zonas más
atractivas para el ciclista de montaña.
Desde el Club En Ruta nos ponemos en
contacto con los “Amigos del Hervás”
y quedamos para acompañarles en su
primera ruta que transcurriría por el
Estrecho del Infierno buscando el Alto
Tajo en dirección a Guadalaviar.
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Dejamos los coches en Tragacete y
nos disponemos a reunirnos con este
grupo de auténticos bikers.
Enseguida comprobamos que la subida
al albergue está limpia y ya nos
impresiona la gran cascada de agua
en El Molino.
Tras unos minutos de espera para
inflar las ruedas de todos los
concentrados, fruto de las bromas de
la noche anterior, partimos hacia el
nacimiento del Júcar. Sabíamos que
la nieve iba a estar presente pero a
medida que ganábamos altura iba
dificultando más nuestra marcha
hasta tal punto que hubiera sido
imposible sin las rodadas de un 4x4
que había pasado anteriormente.
También
sabíamos que, muy pronto, en el
Estrecho del Infierno, comenzaba la
senda que nos llevaría al Collado
del 19 y que a partir de entonces
tendríamos que abrirnos paso a través
de nieve virgen. |
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En este punto la decisión más
sensata hubiera sido regresar
de nuevo al albergue debido a
la gran cantidad de nieve
acumulada, pero confiamos en
que llegados a la Fuente de
Cristino, la pista que nos
llevaría al Puente de
Veguillas presentara rodadas
de vehículos de tracción
4x4. Continuamos por el PR con
esa esperanza y, bicicletas al
hombro, comenzamos la ascensión
de tan sólo 3 kilómetros
pero con un espesor de nieve
que nos hacía hundirnos casi
hasta la cadera, sobre todo en
el tramo final. |
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Se cumplieron los peores
presagios porque, al llegar a
la Fuente de Cristino,
lo que habitualmente es
una pista ancha y de buen
firme, era un manto de nieve
que hacía imposible montar en
bicicleta. De nuevo la toma de
decisiones y planteamiento de
hipótesis. Si llegábamos al
Puente de Veguillas, que ya
supondría un gran palizón
cruzando dos collados, podríamos
tener la fortuna de que la
carretera de Guadalaviar
estuviera limpia por la acción
de los quitanieves. |

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De no ser así habría que
subir hasta El Cubillo andando
con las bicis. Esto último
significaría unos 20 kilómetros
con las monturas a cuestas en
medio de un tascazo de nieve
como pocas veces había visto
nunca. El corazón te empuja a
la aventura y a concluir lo
comenzado, pero la cabeza nos
dictaba todo lo contrario. Si
continuábamos sabíamos que
habría que comer y “casi
merendar” en ruta y no llevábamos
avituallamiento suficiente
para afrontar todo el
recorrido con garantías. Además,
los coches de apoyo, “olvídate
de ellos”, no podrían andar
ni un solo metro por aquí”. |
Aún
así y a pesar de los riesgos que
entrañaba continuar, 8 valientes de
ADHE deciden probar suerte y con
cierta envidia nos despedimos de
ellos deseándoles mucha suerte.
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Les acompañamos apenas 500
metros hasta el Tormo de
Cañaveras y cogemos un atajo
que nos devuelve al PR de
regreso al Estrecho del
Infierno. Como la ruta está
llegando a su fin, no nos
importa mojarnos los pies
todavía más y en algunos
tramos podemos bajar montados
en las bicicletas metidos
dentro del arroyo. Todo sea
por darle un poquito de
espíritu MTB al asunto. Ya en
el albergue nos despedimos de
nuestros anfitriones
agradeciéndoles su calurosa
acogida y partimos hasta
Tragacete donde habíamos
dejado los coches. |
Todavía
siento esa curiosidad de saber qué
ocurrió con aquellos 8 intrépidos
y el lunes siguiente nos llegan
noticias suyas. Según nos contaron,
fueron casi 6 horas inmersos en un
mar de nieve con la suerte de que
uno de los coches de apoyo, aún a
riesgo de quedar atrapado, pudo
abriles paso hasta la base de La
Mogorrita y poder regresar al
albergue por el Puerto del Cubillo,
exhaustos por el cansancio.
Como
veis... la
suerte siempre acompaña a los
valientes.
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