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Aventura

Club Deportivo Elemental "En Ruta".

En Ruta

CLUB DEPORTIVO ELEMENTAL "EN RUTA" 
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De Cañete a Valdemorillo: Por El Pozo del Pino y Collado Palomas

 16 de Marzo  2.003

La afluencia de miembros del club ha sido bastante escasa. Ya lo imaginábamos debido a estos días de vacaciones escolares de la semana blanca que muchos padres han cogido libres para disfrutar de unas pequeñas vacaciones en familia. El resto teníamos nuestra cita semanal con la naturaleza y con nuestra bicicleta de montaña.

La dureza de las rutas en la comarca de Cañete, nos ha diezmado, aunque al final no se ha hecho tan exigente como otras anteriores (Las Cabezas de Boniches o La Tabardeña).

Llegamos a las 9 de la mañana y ya nos esperan, junto a la muralla de Cañete, nuestros buenos amigos del CC Cañete, expertos bikers y buenos conocedores de la zona.

La mañana amenaza lluvia y la temperatura ha descendido considerablemente respecto a días anteriores. Muchas de nuestras rutas de Cañete comienzan por la subida a la Cabeza de don Pedro. No es casualidad que en esta ocasión lo hagamos de nuevo, porque es un paso casi obligado para llegar al rodeno, de donde parten multitud de caminos en todas la direcciones.

      Nos desviamos hacia Pajaroncillo por el camino de Pozo Pino en un interminable descenso muy pronunciado y bastante técnico a causa de la acción del agua que ha horadado el firme originando profundas grietas, a lo que hay que sumar la dificultad de sortear una gran cantidad de piedras arrastradas por los manantiales que discurren por el mismo camino.

       Tras 7 largos kilómetros de descenso, ya con las zapatas de los frenos bastante desgastadas, llegamos a Pajaroncillo. Las calles del pueblo están desiertas. Aún es pronto y es domingo y el día se ha estropeado bastante por culpa del viento y del frío. Después de un pequeño recorrido urbano, continuamos la marcha en dirección a Pajarón por un camino que más parecía el lecho de un río, pues discurría gran cantidad de agua debido a las intensas lluvias y nevadas de los días anteriores.

Antes de partir hacia Valdemorillo, callejeamos un poco por Pajarón, porque no todo son parajes naturales; también apreciamos nuestra arquitectura rural y saludar a los lugareños que nos miran con extrañeza como pensando “¿de dónde rayos habrán salido éstos?”. Muchas veces se interesan por el recorrido que estamos haciendo o lo que es lo mismo “de dónde venimos” y “a dónde vamos”.    

De esta forma recibimos de primera mano, casi mejor que en los planos, todas las indicaciones posibles para no perdernos, aunque esto último se me antoja imposible yendo con nosotros el incombustible “Fernando”, al que no se le escapa ni un solo camino y eso que hay, como él mismo dice con ese sentido del humor que tanto derrocha, “cienes y cienes”. También nos advierte de los tramos y curvas peligrosas, de las que guarda algunas cicatrices de recuerdo.

          El tramo de camino, ahora asfaltado, hasta Valdemorillo no es excesivamente duro, pero son 9 kilómetros siempre ascendiendo, y lo peor, el fuerte viento lateral que nos azota.

Tuvimos que hacer una parada de emergencia ya que un grupo de mastines que acompañaban a un rebaño se encaró con nosotros con no muy buenas intenciones. Cuando os encontréis en una situación comprometida con estos animales, muy celosos de su rebaño, el gesto de coger una piedra da muy buenos resultados y si no hay más remedio, no contentarse con el gesto y lanzarla (y que nos perdonen las asociaciones protectoras de animales).

Después del susto –la verdad es que se te encoge un poco el corazón- llegamos a Valdemorillo, un bello pueblo enclavado junto a unas enormes formaciones rocosas en forma de cuchillos a las que nos apresuramos a subir para ver una excelente panorámica aérea de la zona.

Los kilómetros van haciendo mella cuando ya estamos aproximándonos de nuevo a la Cabeza de don Pedro de regreso a Cañete. Antes de llegar a Pozo Campillos nos vemos obligados a parar para hacer algunas reparaciones a nuestras máquinas y es que no hay peor combinación que las areniscas silíceas del rodeno y el agua para hacer saltar cadenas y dañar todos los componentes de las bicicletas.

Como el tiempo se ha echado encima optamos, con buen criterio, por dejar el Barranco de las Aldabas para otra ocasión y tomar el Collado de las Palomas hasta la Cabeza de don Pedro.

Llegamos a Cañete después de casi 4 horas de bicicleta con muy buenas sensaciones, aunque un poco cansados. Pero no hay nada como una buena tabla de ibéricos y queso de la tierra para resucitarnos de nuevo. El comentario es general: “Lo mejor de la ruta, el final”.

Gracias a nuestros compañeros César y José Ramón del C.C. Cañete y a sus padres que regentan la Hostería de Cañete, por agasajarnos de esta suculenta forma. Si algún día visitáis esta noble villa, merece la pena una parada para el sosiego en este sensacional hotel de montaña, con magníficas instalaciones y una cuidada carta que seguro hará vuestras delicias. Podéis conocerlo pinchando aquí: www.hosteriadecañete.com

PD:     Las fotos que aparecen en este reportaje son de archivo pues se me olvidó ponerle carrete a la cámara. Nadie es perfecto, ¿Verdad?...

Fotos y Textos: Pablo Fernández.

 
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