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En bicicleta por las dos vertientes de la Sierra de
Bascuñana |
2004 |
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El
pasado 17 de enero, la niebla nos
obligó a cambiar el recorrido
previsto para ese día por
carreteras secundarias en los aledaños
del Puente Palmero y en su lugar
improvisamos una ruta caminera y
serrana, que nos descubriría una
preciosa senda por la Hoz de los
Campanarios y el paso del Estrecho
del Trabaque, bajo la atenta
vigilancia de los buitres, moradores
de estos bellos farallones.
Cuando
la niebla se agarra a la tierra con
fuerza resulta extremadamente
peligroso, casi temerario, para el
ciclista asomarse a la carretera,
por eso, es preciso que en esta
jornada evitemos este riesgo y
busquemos la protección de los
caminos y la soledad de la sierra.
| Félix
y Juanito, que gustan de
emociones fuertes,
proponen como
alternativa la ruta de
Alcantud a la Herrería
de Santa Cristina por la
Ermita de Los Hoyos, y
éste era nuestro propósito,
pero a la altura de
Torralba y al ver la
imponente Sierra de
Bascuñana, paramos los
coches y barajamos otra
opción, la de subir
hasta Losares y
descender a Collados por
una senda inédita para
el Club y que supondría
darle a la mañana un
espíritu de aventura. |
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| “La
niebla
proporcionaba un
ambiente espectral
a nuestro paso por
Los
Campanarios”. |
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Hay
unanimidad en el quinteto que, conmigo y los
anteriormente nombrados, lo completan Abel y Pablo,
nuestro incansable presidente. Todos los que nos hemos
aventurado en esta fría mañana de enero estamos
“locos” por descubrir nuevas conexiones, sendas
escondidas, esos secretos que sólo conocemos unos
pocos a base de perdernos por esos andurriales con las
bicis, a veces a montados, a veces a cuestas, sin
pereza alguna y sin miedo a lo desconocido ni siquiera
al temible barro.
A buen ritmo y para que la niebla no tenga tiempo de
meterse en nuestros huesos, entramos pronto en calor
con una larga y pronunciada subida hacia los altos de
la Sierra de Bascuñana. Vamos cogiendo altura entre
vastas repoblaciones de pinar y entramos en los
toboganes (en el argot ciclista, duro rompepiernas con
continuas subidas y bajadas) que
nos van acercando a
Losares, punto más alto de nuestra ascensión.
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| “Comenzamos
a descender Los Campanarios
y encontramos restos de viejas parideras
que aprovechaban el abrigo de la roca natural
para resguardar a los animales”. |
“En
el descenso a Collados por Los Campanarios nos
detenemos en La Covacha y comprobamos las
indicaciones del PR ”. |
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A
través de la niebla escuchamos el rápido aleteo de
pequeñas bandadas de perdices que no adivinamos a ver
por la niebla que poco a poco se va espesando más.
Tres jabalís se cruzan en nuestro camino,
precisamente por delante de puestos de caza preparados
para darles muerte los días de batida. Hoy habéis
salvado la vida, sólo somos inofensivos ciclistas y
podéis volver a refugiaros entre las encinas
curioseando nuestra extraña indumentaria sin peligro
alguno. Estamos de suerte porque la senda que tomamos
a través de la Hoz de los Campanarios está señalizada
como pequeño recorrido (PR) y en algunas ocasiones
nos sacan de dudas las llamativas marcas blancas y
amarillas. Es una delicia deslizarse entre las rocas
por este paraje con curiosas formaciones rocosas y
covachas. |
| Justo
cuando atravesamos la vaguada para cambiar de
vertiente se encuentra La Covacha, refugio
natural antiguamente de hombres y ahora de
bestias a tenor de las profundas huellas que han
dejado los jabalís en los alrededores. Vamos
descendiendo con precaución, sobre todo en los
tramos más aéreos y en estrechos pasos que se
ajustan casi milimétricamente al ancho del
manillar de nuestras bicicletas, hasta las eras
de Collados donde nos espera una calurosa
acogida. |
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| “Abriéndonos
paso a través de la niebla en la trialera
de Los Campanarios”. |
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| “Tuvimos
la ocasión de compartir la Caridad de San Antón
con el pueblo de Collados, al que agradecemos su
calurosa acogida”. |
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Cuando
estábamos aprovisionándonos de agua en la plaza del
pueblo, varios lugareños insisten en que acudamos al
salón social de la localidad para compartir los típicos
rollos de San Antón y el vino azucarado. A esta hora
de la mañana todo el pueblo se reúne en torno a
montones de rosquillos anisados para degustarlos como
si de una gran familia se tratase. Nos cuentan que
luego, a la tarde, se reparten de forma individual
pero que ahora le dan la primera cata en un acto de
tradición popular. Cuando ya estábamos completamente
saciados, todavía seguían ofreciéndonos esta
caridad “Comed,
comed que si habéis venido por Los Campanarios,
seguro que lleváis buen hambre”. Tenemos
que rechazar el vino que ya levanta colores en
nuestras mejillas y bromeamos con imaginarios
controles de alcoholemia a la salida del pueblo. Con
una fotografía que nos recordará siempre la
hospitalidad de los habitantes de Collados, nos
despedimos de esta buena gente y nos proponemos hacer
al año que viene la “Ruta de San Antón” por los
pueblos del Campichuelo. |
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| “La
Hoz del Trabaque nos sigue ofreciendo
espectaculares rincones como éste conocido como
Los Barcos”. |
“En
el paraje El Nido, se alza un gran farallón
rocoso que se conoce popularmente como La Cabeza
de Frankenstein”. |
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Entre
Ribagorda y La Frontera, nos topamos con el río
Trabaque, cuyas aguas descienden lentamente con la única
compañía de unos tristes cañizos. Seguro que a esta
altura todavía no depara en la majestuosa hoz que
llegó a modelar en tiempos remotos unos kilómetros más
abajo. La vega se va cerrando y camino de Albalate de
las Nogueras se alzan a ambos lados grandes paredes
rocosas a modo de desfiladero. Las heces de los
buitres delatan sus nidos a distancia y adivinamos sus
siluetas inmóviles cual gárgolas. Algunos ante
nuestra presencia levantan el vuelo de forma
majestuosa para volver a posarse unos centenares de
metros más adelante. |
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| “En
nuestro caminar por la Hoz del Trabaque, muy
cerca de Albalate de las Nogueras, se encuentra
la Chorrera de la Hoz” |
“Bajando
junto al Trabaque por la bella hoz llegamos a
Albalate de las Nogueras. Cruzamos el río por
El Nogueral, puente de origen medieval
que da entrada al pueblo”. |
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Nos
detenemos en La Chorrera de la Hoz, donde coincidimos
con una buena amiga y periodista de esta casa, Gema
Ortega, que andaba por estos lares trabajando en un
reportaje periodístico. Nos saludamos con afecto y
sorpresa por el inesperado encuentro y partimos hacia
Torralba, pero antes, visitamos Albalate de las
Nogueras en un gratificante paseo por sus parques, las
cuevas junto al río, su plaza y sus callejuelas.
“Una ruta
sorprendente, ¿verdad?”, comentamos
mientras volvemos a cargar nuestras embarradas
bicicletas en los coches.
Sólo
nos queda agradecer a la niebla el haber sido tan
impertinente en el día de hoy. |
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Fotos
y Textos: Pablo
Fernández Muñoz |
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