|
Después
de unos días disfrutando de una primavera
adelantada, el frío nos pilló un poco de
sorpresa a todos, frío que no desapareció
a lo largo de toda la mañana.
Salimos
a las 9:00 horas según lo previsto para
acompañar a un Júcar crecido hasta prácticamente
el Centro de Capacitación Agraria de
Albaladejito.
No llevábamos apenas 6 kilómetros
y un pinchazo nos obliga a detenernos para
cambiar la cámara.
Unos
metros más adelante encontramos la
pasarela peatonal que cruza el río y bajo
un túnel, bicicletas al brazo, accedemos
al camino que enlaza con el refugio de
Nohales. Nos paramos de nuevo. ¿Qué
sucede?, otro pinchazo.
Bueno,
la mañana se presenta accidentada.
Reparamos y seguimos camino. Unos metros más
adelante, de nuevo pinchazo. Esto ya es
cosa de duendes. Así nos sucedió en
pocos kilómetros hasta dos veces más. A
este paso vamos a gastar todas las cámaras
de repuesto y nos vemos poniendo parches.
Todavía no han transcurrido 8 kilómetros
de ruta y pensamos que hoy no es nuestro día.
Bueno, tranquilos que ya no volvió a
suceder en toda la jornada.
Desde
Chillarón tomamos la carretera de Navalón
con la intención de buscar en el plano
alguna conexión con los altos de Cabrejas
distinta a la que hicimos en otra ocasión
por Cuevas de Velasco y Villar del
Maestre.
Justo
al pie de Navalón, nos detuvimos a
planificar la ruta. Vimos una opción que
a todos nos gustó porque diseñamos un
bucle por una zona donde las curvas de
nivel prometían buenos descensos, (por
supuesto, antes de descender, las
correspondientes rampas), y algún
barranco por explorar. Las expectativas
sobre el plano, se cumplieron a la
perfección. Encontramos un pronunciado
descenso hasta Valdecabrillas para nuestro
disfrute y recompensa después del
esfuerzo en la ascensión.
En
esta aldea encontramos a un lugareño que
nos proporcionó agua y le preguntamos por
el camino que habíamos elegido para
cerrar el bucle. “Estáis
locos, por ahí no se puede pasar, eso es
una antigua senda de mulas que no se
utiliza hace muchos años, vamos que ¡ni
andando!”.
Bueno,
parece que habrá que hacer un cambio de
planes y tomar otro camino unos kilómetros
más adelante y que nuestro paisano nos
recomienda como alternativa. Nos
despedimos amablemente y no habían
transcurrido ni 100 metros cuando nos
cruzamos las miradas y sólo bastó un
comentario, “y
si nos metemos”. No hay más que
hablar, media vuelta y hacia la “senda
de las mulas”. Desde su casa nos ve
nuestro amigo regresar y nos dice: “os
vais a tener que volver, ya veréis”.
“Hay
que ver cómo se empina esto”, comentamos
en cuanto nos metimos en faena. Bueno, el
terreno un poquito estropeado con
profundos surcos de las últimas lluvias,
pero, afortunadamente, en seco podía
lidiarse con un poquito de esfuerzo y
habilidad. Unos metros más adelante,
hasta aquí hemos llegado. Bicicletas al
hombro y prácticamente 1 kilómetro por
aliagares, pinares y jaras. Por fin,
camino bueno y rumbo al merendero de Jábaga,
ritmo ligerito porque entre los pinchazos
y el “senderismo” nos estábamos
ventilando la mañana.
Buscamos
una trialera que conduce
justo al merendero, pero las obras
de la autovía en los altos de la Sierra
de Cabrejas han cambiado completamente el
paisaje que recordábamos de la última
vez que pasamos por allí y nos costó un
poco orientarnos. Pasamos bajo uno de los
monumentales puentes que están
construyendo y a pesar de todo encontramos
la trialera. A tumba abierta nos lanzamos
por un tupido bosque de pinos bajo un
manto de juma hasta el merendero. Un kilómetro
donde los peraltes y los continuos cambios
de rasante nos hacen subir la adrenalina.
Ya
en Jábaga apretamos el acelerador, pues
el camino, aunque algo arenoso, invita a
poner un fuerte desarrollo y rodar a gran
velocidad. Elegimos para el regreso la
opción más rápida, Señorío del Pinar,
Albaladejito y Cuenca. El vadeo del Arroyo
Chillarón venía un poco más crecido de
lo normal y nos mojamos más de lo debido
al cruzarlo. No importa, estamos muy cerca
ya de Cuenca y la temperatura se ha
suavizado aunque sólo un poquito.
Buena
jornada de MTB con todos los atractivos
que buscamos en nuestras salidas. Cerca de
60 kilómetros y buen sabor de boca. ¿Qué
más se puede pedir? (Pues no haber
pinchado tantas veces, por supuesto). |