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Después de las últimas lluvias llegó el
momento propicio para realizar esta
sensacional ruta. Antecede una semana
soleada que ha secado el firme, que aunque
mantiene un cierto grado de humedad, está
en condiciones óptimas para rodar,
facilitando el agarre incluso en rampas
pronunciadas. Y lo más importante, el
gran caudal que esperamos que lleven los
arroyos por los que transcurre la ruta y
que nos pueden sorprender con
espectaculares cascadas.
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Con gran ilusión, partimos en
coches hacia Villalba de la
Sierra, puerta de la Serranía
conquense, donde iniciamos la
ruta. Sin posibilidad de
calentamiento previo, nos
metemos en faena con una
ascensión a la Ciudad
Encantada, de 9 kilómetros, a
través del Barranco de Santa
María. Los 3 primeros son
especialmente duros, con un
porcentaje muy próximo al
20%. A medida que ascendemos,
echamos la vista atrás y
podemos disfrutar de una vista
aérea de Villalba de la
Sierra y de la comarca antes
de descender hacia el
barranco. |
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A partir de este punto,
se presentan algunos
tramos complicados con
lechos pedregosos y
algunas rampas cortas
pero de acusada
pendiente (30%). Cerca
de la Ciudad Encantada,
vamos metidos en un
pinar y el camino está
cubierto de un manto de
hierba y de las primeras
flores de una primavera
adelantada.
Antes de enlazar con la
carretera, no nos
resistimos a intentar
llegar a la Piedra del
Yunque, pero a partir de
la Fuente de la Loseta
la senda se hace
impracticable para ir en
bici e ir andando nos
retrasaría bastante por
lo que decidimos
regresar de nuevo al
camino. |

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En
los altos de la Ciudad
Encantada, con todo el
esfuerzo de la ruta ya
realizado ya que todo lo que
nos queda es descenso, hacemos
un par de kilómetros de
carretera hasta coger el
camino de los miradores del
Cambrón.
Merece
la pena observar nuestro
alrededor con detenimiento
porque nos encontramos en la
parte de la Ciudad Encantada más
desconocida y agreste con
grandes moles de piedra de
formas caprichosas, fruto de
la erosión producida por el
agua a lo largo de millones de
años. Después de unas fotos
que guardaremos con especial
cariño en nuestro álbum de
fotos, continuamos camino para
asomarnos a unos de los valles
más espectaculares de nuestra
provincia, “El Cambrón”,
inaccesible desgraciadamente
al ser de propiedad particular
y de gran actividad cinegética.
Al menos podemos contemplarlo
desde las alturas y si hay
suerte, ver alguna manada de
ciervos pastando
tranquilamente en sus prados.
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Inmediatamente
afrontamos el descenso
de la senda por el
Ocentejo, muy técnica y
trialera, para comprobar
que se cumplen nuestros
deseos, mostrándonos el
arroyo, que acompañaremos
en todo el descenso, un
caudal bastante
considerable como pocas
veces puede
contemplarse.
Impresionantes saltos de
agua nos encontramos a
nuestro paso y los
vadeos, como ya imaginábamos,
complicados hasta tal
punto que tenemos que
meternos dentro del
arroyo y sufrir en
nuestros pies el frío
de estas gélidas y
transparentes aguas.
Bajamos
con el arroyo a nuestra
izquierda como
inmediatamente lo
llevamos a nuestra
derecha y así en
multitud de ocasiones en
las que tenemos que
cruzarlo en un descenso
divertido, serpenteante
y de una belleza que nos
embarga. Antes de
terminar, ya estamos
todos pensando en
repetir de nuevo esta
ruta que todos
consideramos como de
“medalla de oro”. |
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Abandonamos
el arroyo del valle del
Ocentejo que sigue su curso
hasta unirse con el de
El Cambrón para dirigirnos de
nuevo a Villalba de la Sierra
donde nos esperan los coches y
sobre todo el calzado de
repuesto que todos hemos traído
porque ya sabíamos
lo que nos esperaba.
Regresamos a Cuenca con esa
indescriptible sensación de
sentirnos privilegiados por el
entorno que poseemos y que
sabemos
aprovechar y disfrutar
de la forma más respetuosa
posible, en nuestras
bicicletas de montaña.
Pablo
Fernández |

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