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El pasado invierno nos juntamos 11
amigos para disfrutar de una
preciosa mañana por las carreteras
secundarias de Cabrejas. Salimos de
Cuenca a las 9:30 y después de
recorrer distintas localidades como
Nohales, Chillarón, Navalón y
Villar del Saz de Navalón, llegamos
a Cuevas de Velasco, no sin antes
sufrir una buena cuesta que precede
a la entrada del pueblo... |

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Lo
primero que llama la atención de
este pueblo es la impresionante
iglesia renacentista de una sola
nave que domina el promontorio donde
se encuentra la localidad. Su
cuidada vista exterior nos anima a
visitarla por dentro y después de
preguntar a alguna vecina, buscamos
al sacristán (que es quien tiene la
llave).
En
la segunda puerta a la izquierda de
la Calle del Olmillo hallamos una
casa con cuidada madera y donde reza
una inscripción en la piedra que
rodea la puerta principal de 1777.
La puerta está abierta y enseguida
nos recibe Antonio
Ballesteros Collado (a quien
van dedicadas estas líneas) y después
de presentarnos y manifestarle
nuestra intención de visitar la
iglesia por dentro, nos invita a
pasar y disfrutar (porque así fue)
de las distintas colecciones que allí
tiene.
Hay que decir que Antonio
nación el 28 de marzo de 1929 en
esta localidad. Iba para sacerdote
pues ingresó en el Seminario
Conciliar de San Julián de Cuenca
donde cursó 4 años. Realizó
diversos oficios a lo largo de su
vida. Como fruta de sus años de
investigación ha publicado dos
libros. Uno en 1980 titulado
“Historia de las Cuevas de
Velasco” y otro en 1997 con el título
“Recuperación de usos y
costumbres: Cuevas de Velasco”.
Lo
primero que salta a la vista en la
entrada de su casa es un árbol
genealógico de hasta sus novenos
abuelos. Toda la información la ha
recabado del archivo del pueblo.
Tiene colecciones de piedras
recogidas en el término municipal
con distintas formas que recuerdan
seres y objetos familiares. También
posee piedras de moler que datan de
la época romana.
A
continuación hay una sala donde
tiene expuestas raíces, tallos y
partes de plantas con formas que
recuerdan también a objetos de la
vida cotidiana.
Pasamos
después a una gran cocina con su
fuego donde podemos apreciar y
disfrutar de una colección de más
de 200 especies de plantas
medicinales que las tiene
conservadas en botes de cristal,
recogidas en todo el término
municipal. Cada bote tiene apuntado
el nombre vulgar y científico de la
planta. En estos momentos está
preparando fichas de cada una de las
plantas recogidas donde apunta todas
las características y bienes para
la salud, formas de prepararlas,
etc.
Por último, pasamos a lo que
él llama el Museo Etnológico. Se
trata de una sala de amplias
dimensiones donde pudimos observar
todo tipo de utensilios antiguos que
eran cotidianas herramientas de
trabajo y de la vida familiar de
nuestros antepasados y que nosotros,
desde estas líneas, no sabemos
nombrar porque pertenece a un
castellano que, por desgracia, ha
entrado en desuso. Además que
nuestras prisas del momento, nos
impidieron recabar alguna información
más sobre todos estos útiles. Es
cuestión de volver con más
paciencia.
Realmente
es muy interesante visitar la casa
de Antonio que se ha preocupado de
recopilar, a través de los años,
todo este material. Hay que
felicitarle y animarle a seguir en
esta línea aunque, como él dice,
es un incomprendido de su pueblo,
porque la gente cree que las cosas
que él hace son raras. Pero todos
sabemos que no es así, pues en la
sociedad actual se valora mucho lo
antiguo y la prueba es la tendencia
que existe de un importante sector
de la población por el turismo
rural, por todo lo antiguo.
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Desde
estas líneas os animamos a todos
los que estéis interesados en
disfrutar de nuestra experiencia a
que os acerquéis a esta localidad y
visitéis la casa de Antonio que
estamos seguros que con su
amabilidad seréis bien recibidos. |
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