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Llegando al puente de los siete ojos empieza a llover
suavemente, nos refugiamos en uno de los ojos del puente
mientras echamos un bocado. Comentamos lo atractivo del
recorrido y después de un corto espacio de tiempo la lluvia
amaina. Un tablón de información del parque nos dice donde
estamos situados y al comprobar el recorrido que nos queda nos
ponemos de nuevo en marcha. Unas paredes a nuestra izquierda dan
un toque de belleza al cañón ahora bastante abierto. Una cueva
se abre en una de ellas, están muy erosionadas castigadas por
la dureza del agua y el viento. Estamos buscando un sitio para
comer puesto que el bocado anterior a sido un ligero tentempié.
Bajo unos árboles y en un lugar privilegiado ponemos el mantel,
mas adelante nos aguardan aún mas sorpresas del cañón... |