|
Nuestra aventura comienza en la estación de Toledo, el
jueves 30 de mayo de 2002 aprovechando el puente del día
de Castilla-La Mancha. Han venido a despedirnos por todo
lo alto, como si de una gran aventura se tratara;
familiares, amigos y algunos miembros de la
Asociación de Amigos del Ferrocarril de Toledo se dan
cita en la estación.
El trayecto hasta Madrid nos es de sobra conocido; podríamos
hacerlo casi con los ojos cerrados. En el tren repasamos
el plan de ruta; hay varios puntos que después de
consultar diversa documentación no tenemos claros y es
conveniente tener pensadas las posibles alternativas si
se presenta un imprevisto. Una vez en Madrid-Chamartín
nos acomodamos en nuestro departamento, en el tren
estrella 370 “Costa Brava” esperando ansiosamente su
salida a las 22:00 horas. Tras pasar Sigüenza nos
acercamos al coche bar, contiguo al nuestro. En el bar
hay una gran animación. Me recuerda a la de los
antiguos expresos; gente noctámbula, con conversación,
para la que el tiempo no cuenta. La mayoría son
turistas estadounidenses que se dirigen a Barcelona. La
noche, aunque corta, promete. El ambiente sube cuando
suena una guitarra.
El primer problema que tenemos que afrontar es encontrar
un medio de desplazamiento hasta Alcañiz. Desde Zaragoza, la empresa de autobuses ABASA cubre la línea.
Sin embargo dado que el primer servicio sale a las 8 de
la mañana, supondría perder demasiada mañana con esta
elección. En caso de no encontrar ninguno deberemos
empezar la ruta desde La Puebla de Híjar.
En el tren este tipo de problemas no importan. No
hablamos de ello. Tan solo nos sumamos a la fiesta que,
sin embargo, no dura mucho. A las dos el bar cierra y
poco después el interventor da un aviso ante la algarabía
que se ha montado. Tenemos el tiempo justo para
despedirnos de nuestras nuevas amistades.
El tren llega a la estación de La Puebla de Híjar
a las 2:37. Tras apearnos, preguntamos al factor de
circulación. Nos informa que hay una persona que
realiza servicios de taxi y a las 2:50 de la mañana, le
avisa por teléfono. A los 20 minutos se presenta.
Estamos de suerte, el taxi es un Opel Zafira, suficiente
para transportar a las cinco personas que componemos el
grupo.
Tras atravesar Alcañiz, nos deja en la estación,
situada en las afueras, en la carretera a Valmuel. La
oscuridad es casi absoluta. Tan solo las luces del taxi
y el minúsculo cuarto menguante lunar nos permiten
adivinar a duras penas el estado ruinoso de la estación.
Como contrapartida podemos disfrutar de un magnífico
cielo estrellado limpio de nubes. Con las linternas
accedemos al andén donde acondicionamos nuestro
dormitorio.
|
|
¿Quieres
colaborar con nosotros?. Mándanos un E-Mail de tus
rutas con los textos en Word y las fotos en JPG. En el
Asunto, indicar nombre de la ruta y modalidad.
Nosotros te lo publicamos con los derechos del autor,
tanto en fotos como en textos. Gracias de antemano por
colaborar. |