"De frente
el pico Aneto con sus tres mil cuatrocientos cuatro
metros, a la izquierda la espectacular caída del
glaciar, unos cuantos picos y el Lago Toro... a nuestra
derecha y muy cerca los picos Abadía (3.271
metros) y Maldito (3.350 metros)..."
Nombre de la Ruta:
El Aneto, 3.404 metros. Situación:
Benasque,
Huesca.
Aragón. Protección del entorno: Parque
Natural. Inicio: Besurta. Longitud: 7 Km. Desnivel en Ruta: 1.500 metros. Mayor altitud: Pico Aneto, 3.404
metros. Combinación de vehículos: No. Paisaje, Entorno: Picos, Montañas y
Glaciares. Equipo necesario: Piolet y Crampones
en el glaciar.
Dificultad: Alta. Aunque se
considera un 3000 fácil.
Tipo de ruta: Ida y Vuelta por el mismo
camino.
Horario, Tiempos totales: 12 horas.
Mejor época: Primavera, Verano.
Cartografía: Mapa del Aeto. Autor del Artículo: Javier Crespo. Empresas de Guías:
No hacen falta. Coordenadas GPS: Latitud:
42º 40' 5'' N.
Longitud: 0º 39' 6'' E.
Aún
recuerdo con cierta gracia, la noche
antes de la marcha hacia la cumbre más
alta de los
Pirineos.
Estábamos los cuatro en el
Albergue de Hospital de Benasque, hablando de las cosas que íbamos
a necesitar, cuanto podíamos tardar,
etc... sobre la hora de levantarnos no había
dudas, sería a las cuatro de la
madrugada, para poder coger ese primer
autobús que nos adentra en el
Parque
Natural del Possets-Maladeta. A
esa hora pues, Alfonso se levantó, y a la
voz "los del Aneto",
nos pusimos el resto en pie. Pronto
desayunamos y nos fuimos hasta la barrera
del Hospital, que es donde debíamos coger
el bus. Hicieron falta dos vehículos para
llevarnos a todos los montañeros, hubo
quien se quedó en tierra, a la espera de
que bajaran los nuestros.
Así, en la primera fila, vamos viendo
como nos abrimos paso entre la noche con
las luces largas del autobús que perturba
la paz del lugar.
Era la primera vez que
visitaba esta zona, y estaba entusiasmado.
A eso de las cinco y veinte, llegamos a la
Besurta, en donde nos deja el conductor, y
todos emprendemos la marcha. La mayoría
de la gente viene bien preparada, con su
linterna o frontal, bastón, buenas botas,
crampones, piolets, etc...
Comienza la Ruta
Enseguida
empezamos la travesía unos detrás
de otros, en fila india, y
comprobamos que desde el inicio es
todo cuesta arriba. Caminamos por un
sendero a veces estrecho, que
discurre por el barranco de la
Renclusa, hasta el refugio del mismo
nombre, y al que divisamos ya, por
una gran luz que le ilumina en la
noche.
Llegamos al Refugio de
la Renclusa en treinta y cinco minutos,
con la amenaza de lluvia (nos ha chispeado
un poco), y con el sudor continuo de un
ritmo a veces lento y otras más fuerte,
en función del gran grupo, que con las
lucecitas que portamos en la noche,
parecemos una gran serpiente que se
arrastra montaña arriba.
El
mencionado refugio se encuentra a 2.140 metros
de altitud y
aquí hacemos
un breve parón, para coger unos
crampones que previamente habíamos
reservado.
Es este un
establecimiento muy bien preparado,
donde hacen comidas, se puede
pernoctar, se alquila material y
equipo, etc...
La gente sigue ascendiendo, y
nosotros también. Ahora el camino
está marcado con hitos entre los
mu-chos peñascos del camino, aunque
con frecuencia se improvisa, según
las ganas que pongan los que van
tirando del pelotón.
A un paso
bastante fuerte vamos ascendiendo. Unos
cuantos se paran a descansar, otros para
poner su propia marcha, pero todos
seguimos camino del
Portillón Inferior
(2.742 metros). Una vez llegados a este
punto, a eso de las siete y cuarto, el sol
despierta y empieza a asomarse entre las
nubes y montañas. La imagen es preciosa,
apenas tengo tiempo de sacar una fotografía,
pues la gente sigue avanzando y hay que
remontar hasta ponerse de nuevo a su
altura. Enseguida nos vemos obligados a
ponernos los chubasqueros, pues una lluvia
hace acto de presencia. Afortunadamente a
los pocos minutos cesa. Ahora, camino del
Portillón
Superior, tenemos una espléndida
vista del
Glaciar de la Malade-ta.
A eso de
las ocho y veinte de la mañana estamos en
el
Portillón Superior. Vemos la
Cresta de
los Portillo-nes, y lo mejor, nuestra meta...
El Aneto. Su impresionante glaciar, varias
cumbres de alrededor...., una vista que no
se tiene todos los días. Toca descender
para seguir la marcha por una zona de caos.
Es tremenda la acumulación de grandes
rocas, incrustadas, pequeñas y sueltas,
que sufren la erosión de estas duras
temperaturas.Es un tramo en el que hay que tener
precauciones, pues pisar mal, resbalar,
una roca que se tambalea, es algo que
ocurre de forma continua.
Tras
un buen rato de saltos por las
piedras, (aquí el sendero es el que
se marca uno mismo), llegamos a la
altura de los tres mil metros sobre
el nivel del mar.
A las nueve y
media estamos a los pies del
glaciar, y vemos perfectamente
nuestra cumbre. La vista es precio-sa
se mire para donde se quiera. De
frente el
Pico Aneto con sus tres
mil cuatrocientos cuatro metros, a
la izquierda la espectacular caída
del glaciar, unos cuantos picos, el
Lago Toro...
A nuestra
derecha, y bien cerca los
Picos Abadía
(3.271 metros),
Maldito (3.350 metros) el
Collado Maldi-to, el
Collado Medio,
y un poco más lejos el
Collado de Coronas. En este
momento, los crampones son ya impres-cindibles.
Paramos y hablamos. David y Tito que son los
que van más fuertes de los cuatro, seguirán adelante,
Alfonso y yo decidimos volver. Hemos llegado hasta aquí
por un caminar muy intenso, es mi segundo día en los Pirineos
y temo por la bajada hacia el
Refugio
de la Renclusa. Sacamos una foto
de grupo, y Alfonso y yo, esperamos para
ver como van nues-tros compañeros
avanzando por el hielo del glaciar.
Jamás
imagine que el glaciar era tan
impresionante de cerca. Mientras
Tito y yo nos colocábamos los crampones para afrontar aquel “témpano”
de hielo pensaba en la primera vez
que vi aquel mismo glaciar pero
desde abajo, desde los
Ibones de Barrans, jamás pensé que de cerca
seria así, tan impresionante, sin
duda fue lo que mas me gusto de la
ascen-sión.
Para
nuestra desgracia el intenso calor
que había hecho este verano había
derretido toda la nieve de las capas
superiores del glaciar y se nos
mostraba en forma de hielo.
Este
era tan duro que ni siquiera podíamos
clavar firmemente los piolets en el, así
que mientras ascendíamos poco a poco
cruzando el glaciar en diagonal no podía
dejar de pensar en que si alguno de los
dos resbalaba no podría hacer nada para
frenarse antes de chocar contra las
afiladas rocas que daban comienzo al
glaciar cien metros por debajo de
nosotros.
Gracias
a dios no tuvimos ningún accidente grave,
y digo grave porque varias veces se nos
engancho la punta del crampon con las
cuerdas que sujetaban el otro a nuestra
bota, haciendo que tropezáramos, pero no
perdimos el equilibrio en el momento
crucial y proseguíamos sin más
problemas.
En
una de estas, mientras me colocaba
bien el crampon, Tito y yo nos habíamos
alejado un pelín de la huella para
no molestar a los demás montañeros, dimos
con una grieta que había sido tapada por una
capa de nieve polvo, al pisarla, mi
compañero, introdujo su pierna
derecha hasta pasada la rodilla pero
todo quedo en un susto.
Después de
completar el glaciar y de disfrutar
de él al máximo nos quitamos los crampones,
había que afrontar el ultimo tramo de
grandes bloques de piedra hasta llegar la cima. Aquí fue
todo una demostración de compañerismo,
pues todo el mundo daba ánimos, ya
bien los que descen-dían, como los
que ascendían como nosotros.
Tras
diez minutos más de subida ahí
estaba. La vista era tan
impresionante que no hay palabras
para describirla. En total cinco
horas y cincuenta minutos desde la
Besurta. Luego, después de esperar
algo mas de media hora, logra-mos
pasar por el famoso
Paso de Mahoma,
la afluencia de gente hacia que se
produjera un gran atasco en este
estrecho paso en el cual solo una
persona, y con dificultades puede
pasar.
El
Paso de Mahoma
es un estrecho tramo de no mas de 15 metros
por el cual se accede a la cima de
El Aneto,
no es de mucha dificultad pero su fama nos
hace sentirnos rece-losos a pasarlo.
He de reconocer que cuando estas en el punto en el cual
tienes que “cabalgar” sobre una roca para pasar y ves la
gran caída de mas de 100 metros a cada lado, da un poco
de cosa, pero hasta yo que tengo algo de vértigo logre
pasar sin ningún problema.
Tras
hacernos unas fotos junto a la virgen y la gran cruz
de la cima, tras disfrutar de la visión que desde aquí arriba
tene-mos, liderando cualquier punto a donde miramos y
lo mas importante, tras reponer fuerzas. Volvimos a pasar el famoso Paso de
Mahoma para
emprender el camino de regreso.
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