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"De frente
el pico Aneto con sus tres mil cuatrocientos cuatro
metros, a la izquierda la espectacular caída del
glaciar, unos cuantos picos y el Lago Toro... a nuestra
derecha y muy cerca los picos Abadía (3.271
metros) y Maldito (3.350 metros)..."
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Ficha
Técnica |
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Dificultad:
Alta.
Aunque está considerado un
tres mil fácil, hay que estar
en buena forma.
Duración:
Hasta el
Glaciar del Aneto, cuatro
horas.
Desnivel:
1.500
metros (aproximadamente).
Fecha
de Realización:
15.08.03. |
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Aún recuerdo con cierta gracia, la noche
antes de la marcha hacia la cumbre más
alta de los Pirineos. Estábamos los
cuatro en el albergue de Hospital de
Benasque, hablando de las cosas que íbamos
a necesitar, cuanto podíamos tardar,
etc... sobre la hora de levantarnos no había
dudas, sería a las cuatro de la
madrugada, para poder coger ese primer
autobús que nos adentra en el parque. A
esa hora pues, Alfonso se levantó, y a la
voz "los del Aneto",
nos pusimos el resto en pie. Pronto
desayunamos y nos fuimos hasta la barrera
del Hospital, que es donde debíamos coger
el bus. Hicieron falta dos vehículos para
llevarnos a todos los montañeros, hubo
quien se quedó en tierra, a la espera de
que bajaran los nuestros.
Así, en la primera fila, vamos viendo
como nos abrimos paso entre la noche con
las luces largas del autobús que perturba
la paz del lugar. |
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Era la primera vez que
visitaba esta zona, y estaba entusiasmado.
A eso de las cinco y veinte, llegamos a la
Besurta, en donde nos deja el conductor, y
todos emprendemos la marcha. La mayoría
de la gente viene bien preparada, con su
linterna o frontal, bastón, buenas botas,
crampones, piolets, etc...
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Enseguida
empezamos la travesía unos detrás
de otros, en fila india, y
comprobamos que desde el inicio es
todo cuesta arriba. Caminamos por un
sendero a veces estrecho, que
discurre por el barranco de la
Renclusa, hasta el refugio del mismo
nombre, y al que divisamos ya, por
una gran luz que le ilumina en la
noche. |
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Llegamos a
la Renclusa en treinta y cinco minutos,
con la amenaza de lluvia (nos ha chispeado
un poco), y con el sudor continuo de un
ritmo a veces lento y otras más fuerte,
en función del gran grupo, que con las
lucecitas que portamos en la noche,
parecemos una gran serpiente que se
arrastra montaña arriba.
En
mencionado refugio (2.140 m) hacemos
un breve parón, para coger unos
crampones que previamente había
reservado. Es este un
establecimiento muy bien preparado,
donde hacen comidas, se puede
pernoctar, se alquila material y
equipo, etc...
La gente sigue ascendiendo, y
nosotros también. Ahora el camino
está marcado con hitos entre los
muchos peñascos del camino, aunque
con frecuencia se improvisa, según
las ganas que pongan los que van
tirando del pelotón. |

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A un paso
bastante fuerte vamos ascendiendo. Unos
cuantos se paran a descansar, otros para
poner su propia marcha, pero todos
seguimos camino del Portillón Inferior
(2.742 metros). Una vez llegados a este
punto, a eso de las siete y cuarto, el sol
despierta y empieza a asomarse entre las
nubes y montañas. La imagen es preciosa,
apenas tengo tiempo de sacar una fotografía,
pues la gente sigue avanzando y hay que
remontar hasta ponerse de nuevo a su
altura. Enseguida nos vemos obligados a
ponernos los chubasqueros, pues una lluvia
hace acto de presencia. Afortunadamente a
los pocos minutos cesa. Ahora, camino del
Portillón superior, tenemos una espléndida
vista del glaciar de la Maladeta.

A eso de
las ocho y veinte de la mañana estamos en
el Portillón Superior. Vemos la cresta de
los Portillones, y lo mejor, nuestra meta...
El Aneto. Su impresionante glaciar, varias
cumbres de alrededor...., una vista que no
se tiene todos los días. Toca descender
para seguir la marcha por una zona de caos.
Es tremenda la acumulación de grandes
rocas, incrustadas, pequeñas y sueltas,
que sufren la erosión de estas duras
temperaturas.
Es un tramo en el que hay que tener
precauciones, pues pisar mal, resbalar,
una roca que se tambalea, es algo que
ocurre de forma continua.
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Tras
un buen rato de saltos por las
piedras, (aquí el sendero es el que
se marca uno mismo), llegamos a la
altura de los tres mil metros sobre
el nivel del mar. A las nueve y
media estamos a los pies del
glaciar, y vemos perfectamente
nuestra cumbre. La vista es preciosa
se mire para donde se quiera. De
frente el pico Aneto con sus tres
mil cuatrocientos cuatro metros, a
la izquierda la espectacular caída
del glaciar, unos cuantos picos, el
Lago Toro... |
A nuestra
derecha, y bien cerca los picos Abadía
(3.271 metros), Maldito (3.350 metros) el
Collado Maldito, el Collado Medio, y un
poco más lejos el de Coronas. En este
momento, los crampones son ya
imprescindibles. Paramos y hablamos. David
y Tito que son los que van más fuertes de
los cuatro, seguirán adelante, Alfonso y
yo decidimos volver. Hemos llegado hasta
aquí por un caminar muy intenso, es mi
segundo día en los Pirineos y temo por la
bajada hacia la Renclusa. Sacamos una foto
de grupo, y Alfonso y yo, esperamos para
ver como van nuestros compañeros
avanzando por el hielo del glaciar.
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Jamás
imagine que el glaciar era tan
impresionante de cerca. Mientras
Tito y yo nos colocábamos los
crampones para afrontar aquel “témpano”
de hielo pensaba en la primera vez
que vi aquel mismo glaciar pero
desde abajo, desde los ibones de
Barrans, jamás pensé que de cerca
seria así, tan impresionante, sin
duda fue lo que mas me gusto de la
ascensión.
Para
nuestra desgracia el intenso calor
que había hecho este verano había
derretido toda la nieve de las capas
superiores del glaciar y se nos
mostraba en forma de hielo. |

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Este
era tan duro que ni siquiera podíamos
clavar firmemente los piolets en el, así
que mientras ascendíamos poco a poco
cruzando el glaciar en diagonal no podía
dejar de pensar en que si alguno de los
dos resbalaba no podría hacer nada para
frenarse antes de chocar contra las
afiladas rocas que daban comienzo al
glaciar cien metros por debajo de
nosotros. Gracias
a dios no tuvimos ningún accidente grave,
y digo grave porque varias veces se nos
engancho la punta del crampon con las
cuerdas que sujetaban el otro a nuestra
bota, haciendo que tropezáramos, pero no
perdimos el equilibrio en el momento
crucial y proseguíamos sin más
problemas.
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En
una de estas, mientras me colocaba
bien el crampon, Tito y yo nos habíamos
alejado un pelín de la huella para
no molestar a los demás montañeros,
dimos con una grieta que había sido
tapada por una capa de nieve polvo,
al pisarla, Tito introdujo su pierna
derecha hasta pasada la rodilla pero
todo quedo en un susto. Después de
completar el glaciar y de disfrutar
de él al máximo nos quitamos los
crampones, había que afrontar el
ultimo tramo de grandes bloques de
piedra hasta de la cima. Aquí todo
fue una demostración de compañerismo,
pues todo el mundo daba ánimos, ya
bien los que descendían, como los
que ascendían como nosotros. Tras
diez minutos más de subida ahí
estaba. La vista era tan
impresionante que no hay palabras
para describirla. En total cinco
horas y cincuenta minutos desde la
Besurta. Luego, después de esperar
algo mas de media hora, logramos
pasar por el famoso Paso de Mahoma,
la afluencia de gente hacia que se
produjera un gran atasco en este
estrecho paso en el cual solo una
persona, y con dificultades puede
pasar. |
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El
paso de Mahoma es un estrecho tramo de no mas de 15
metros por el cual se accede a la cima, no es de mucha
dificultad pero su fama nos hace sentirnos recelosos a
pasarlo. He de reconocer que cuando estas en el punto
en el cual tienes que “cabalgar” sobre una roca
para pasar y ves la gran caída de mas de 100 metros a
cada lado, da un poco de cosa, pero hasta yo que tengo
algo de vértigo logre pasar sin ningún problema.

Tras
hacernos unas fotos junto a la virgen y la gran cruz
de la cima, disfrutar de la visión que aquí arriba
tenemos, liderando cualquier punto a donde miramos y
reponer fuerzas. Volvimos a pasar el famoso paso para
emprender el camino de regreso.
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Fotos
y Textos: Javier Crespo y David Somolinos. |
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